domingo, 30 de noviembre de 2008

La mochila del Reverte

El viejo Pérez-Reverte cabalga de nuevo.
Me tenía preocupado, ya que en sus dos o tres últimas entregas periodísticas no daba la talla, o al menos eso me parecía a mí. Pero en su último artículo semanal en el suplemento dominical de ABC, "vuelve por dó solía", como diría el clásico. Magnífico.
Lo reproduzco:

SOBRE MOCHILAS Y SUPERVIVENCIA
Dentro del plan general de protección civil, el ayuntamiento de Madrid recomienda tener preparada una mochila de supervivencia a la que recurrir en caso de catástrofe: una especie de equipo familiar con medicamentos, documentación, teléfono, radio, agua, botiquín y demás elementos que permitan tomar las de Villadiego. Y la idea parece razonable. Por lo general nos acordamos de Santa Bárbara sólo cuando truena; y entonces, con las prisas y la improvisación, salimos en los telediarios de cuerpo presente y con cara de panoli, como si el último pensamiento hubiera sido: «A mí no puede ocurrirme esto». Y la verdad es que nunca se sabe. Yo, por lo menos, no lo sé. La prueba es que a los cincuenta y siete tacos sigo yendo por la vida –aunque a veces sea con Javier Marías y de corbata, expuesto a la justa cólera antifascista– con el antiguo reflejo automático de mi mochililla colgada al hombro, y en ella lo imprescindible para instalarme en cualquier sitio: una caja de Actrón, cargador del móvil, libros, gafas para leer, kleenex, jabón líquido, una navajilla multiuso, lápices, una libreta de apuntes pequeña y cosas así. 

Al hilo de esto, se me ocurre que tampoco estaría mal disponer de una mochila para evacuación rápida nacional, siendo español. Algo con lo que poder abrirse de aquí a toda leche, como el Correcaminos. Mic, mic. Zuaaaaas. A fin de cuentas, si de sobrevivir a emergencias se trata, los españoles vivimos en emergencia continua desde los tiempos de Indíbil y Mandonio. La mejor prueba de lo que digo es que algunos de los lectores potenciales de esta página no tienen ni puta idea de quiénes fueron Indíbil y Mandonio. Y no me vengan con que soy un cenizo y un cabrón, y que lo de la mochila es paranoia. Hagan memoria, queridos amigos del planeta azul. La historia de España está llena de momentos en que el personal tuvo que poner pies en polvorosa sin tiempo de hacer las maletas. Con lo puesto. Eso, los que tuvieron la suerte de poder salir, y no se vieron churrasqueados en autos de fe, picando piedra en algún Valle de los Caídos o abonando amapolas junto a la tapia del cementerio. 

De manera que, inspirado por la iniciativa de Ruiz-Gallardón,convencido como estoy de que un pesimista sólo es un optimista razonablemente informado, he decidido aviarme un equipo de supervivencia español marca Acme, que valga tanto para salir de naja en línea recta hacia la frontera más próxima como para quedarme y soportar estoicamente lo que venga. Que viene suave. Para eso necesito una mochila grande, porque a mi edad hay ciertas necesidades. Pero más vale mochila grande que discurso de ministro, como dijo –si es que lo dijo, cosa que ignoro en absoluto– Francisco de Quevedo. 

Cada cual, supongo, sobrevive como puede. Mi equipo de emergencia –Ad utrumque paratus, decía mi profesor don Antonio Gil– incluye un ejemplar del Quijote, que para cualquier español medianamente lúcido es consuelo analgésico imprescindible. También hay unas pastillas antináusea que impiden echar la pota cuando te cruzas en la calle con un político o un megalíder sindical, y una pomada antialérgica –buenísima, dice mi farmacéutica– para uso tópico en miembros y miembras cuando las estupideces de feminazis analfabetas producen picores y sarpullidos. También tengo un inhibidor de frecuencias japonés, cojonudo, que impide sintonizar cualquier clase de tertulia política radiofónica o televisiva, un cedé de Joaquín Sabina y media docena de chistes contados por Chiquito de la Calzada, una foto de Ava Gardner, otra de Kim Novak, los deuvedés de Río Bravo, Los duelistas, Perdición y El hombre tranquilo, la colección completa de Tintín, una resma de folios Galgo –o podenco, me da igual– y una máquina de escribir Olivetti de las de toda la vida, que siga funcionando cuando algún gángster amigo de Putin compre Endesa, o toda la red eléctrica, tan antinucleares nosotros, se vaya a tomar por saco. Por si la supervivencia incluye poner tierra de por medio, también tengo una lista de librerías de Lisboa, Roma, París, Londres, Florencia y Nueva York, el número de teléfono de Mónica Bellucci, un jamón ibérico de pata negra y una bota Las Tres Zetas llena hasta el pitorro, una bufanda para poder sentarme en las mesas de afuera de los cafés de París, los documentos de Waterloo de mi tatarabuelo bonapartista, su medalla de Santa Helena y las que me han dado a mí los gabachos, a ver si juntándolo todo consigo convencer a Sarkozy y me nacionalizo francés. De paso, con el pasaporte y la American Express, meteré en la mochila una escopeta de cañones recortados, un listín de direcciones de fulanos con coche oficial y una caja de tarjetas de visita hechas con posta lobera. Sería indecoroso irme tan lejos sin dar las gracias. Compréndanlo. Por los servicios prestados.

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No podía ni imaginar, mi admirado don Arturo, que tuviera una costumbre coincidente con la suya: suelo llevar muchas veces también una mochila, del coronel Tapioca en fibra de cannabis la mía, con algunos elementos comunes, un par de libros, una libreta, un bolígrafo, gafas y un paquete de pañuelos de papel, y eventualmente alguna cosa más. Lo de la recortada no lo había pensado, pero será cosa de ponerse a ello, que hay mucho cabrón suelto.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Preparémonos para sufrir

Anoche, después de postear mi último artículo con el poema visual "Palidanza de civilizaciones", cayó en mis manos un magnífico artículo de Carlos Herrera en el 

ABC titulado "Preparémonos para sufrir" que explica y amplía la cuestión a la que me

 refería. Es magnífico y hay que leérselo:


ABC, 28-11-2008

Carlos Herrera

LOS asesinos que se han cobrado la vida de más de cien personas en los atentados de Bombay pertenecen, según todos los indicios, a la feroz disciplina del terrorismo islamista. Algunos lo llaman terrorismo internacional, supongo que para no molestar. Las causas concretas que los terroristas sostenían contra las personas a las que acribillaron a balazos, a las que no conocían, se escapan a mi conocimiento. Los motivos de la elección de los hoteles en los que actuaron, también. Sin embargo, tanto las autoridades hindúes como todos los demás, sabemos que pocas excusas les son necesarias a chusma como la descrita para abatir vidas indiscriminadamente si sospechan que con ellas se cobran almas de disciplina occidental. El objetivo, como en Atocha, como en el metro de Londres, como en las Torres Gemelas, somos usted y yo, los infieles, la carne de fatwa, los hijos de Satán, los hacedores del mal. El objetivo es Occidente. Y aunque a algunos de los que forman parte de Occidente les pese, Occidente somos aquellos que defendemos un modelo de libertades elementales que pasa por delimitar, incluso con el uso legítimo de la fuerza, la expansión de la intolerancia religiosa y de los regímenes medievales de ideología totalitaria. Entienda usted de una vez que su modelo de vida resulta intolerable para quienes conciben la existencia como un noviciado con la muerte perpetua. De nada sirve que sea un probo ciudadano que jamás se metió con nadie, que va a trabajar y vuelve de su ocupación con el único afán de compartir la cena con su pareja y besar a sus hijos en la frente antes de dormir: usted es el culpable de la tortura mental que supuestamente padece una civilización que aún no ha dado el salto a la edad moderna. Y debe morir por ello.


En pocas palabras: estamos en guerra. Por mucho que le incomode a las melífluas mentes acomodaticias que consideran que todo es producto de supuestas injusticias consecuentes de un mal reparto de la riqueza, los ciudadanos occidentales somos el objetivo final de los iluminados talibanes de la fe. El video en el que se representa, mediante banderas, el grupo de países «culpables», incluida España, es toda una declaración belicista de lo que nos espera. Combatir en Afganistán a unos animales que han pretendido someter al mundo mediante el uso indiscriminado del terror significa formar parte de la carne de cañón. A esos animales no se les puede conceder un solo metro de ventaja: por muchos paños calientes que se manejen en la política internacional, sea en forma de Alianza de Civilizaciones o de tonterías semejantes, siempre atacarán. Antes o después atacarán.


De ello se desprende que la única solución es derrotarlos; lo cual puede significar un fracaso de la capacidad humana para el entendimiento, para la diplomacia, para la negociación, pero significa también que no hay espacios angelicales en los que la bondad domeñe a la fiera con buenas intenciones o con palabras llenas de voluntad apaciguadora. En ese sentido, el gesto del presidente electo norteamericano, Barak Obama, de mantener en su puesto al mismo secretario de defensa de la Administración Bush es un claro mensaje a los hacedores del mal para que nadie tenga dudas: el objetivo sigue siendo el mismo, acabar con ellos por encima de diferencias de matiz.


España, tan tristemente acostumbrada a la metralla y a la sangre inocente como consecuencia del terrorismo nacionalista vasco, no debe dudar ni un instante en colaborar en la extinción del fuego asesino de los enemigos de todo un modelo de sociedad. Resulta reconfortante que el Gobierno de Rodríguez Zapatero no haya dudado en mantener su posición al lado de quienes defienden la soberanía de Occidente. Puede que nos traiga consecuencias, pero mejor será defender nuestras convicciones que ocultarnos en la cueva de los cobardes.

Eso sí, preparémonos para sufrir.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Palidanza de civilizaciones



Este creo que fue mi primer poema visual.
Basándome en el famoso "Duelo a bastonazos" de Goya, hago un retoque de actualidad y lo titulo modificando el nombre de uno de los engaños más fructíferos de quien lo ha inventado. Me refiero, claro está, al Diálogo de civilizaciones, que yo transformo en "Palidanza de civilizaciones", que no es otra cosa que una danza donde dos o más de arrean una paliza. Unas civilizaciones que, como se ve, no están representadas por la cultura ni el progreso de ambas, sino por el radicalismo y el fanatismo del dinero (a un lado) y la religión que invade la sociedad y las costumbres (a otro).

martes, 25 de noviembre de 2008

Los buitres

Magnífico el Pérez Reverte, y de esto hace ya una jartá de años.
En este enlace a un artículo suyo de hace la tira, analiza lo que está pasando hoy por culpa de los buitres.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Nuevo número de Sierra Albarrana


Acaba de salir un nuevo número de la revista "Sierra Albarrana", y en él mi artículo sobre OVNIs y parapsicología en el Valle del Guadiato.


sábado, 22 de noviembre de 2008

Presentada mi novela "El tesoro de los franceses"

Anoche se presentó en Belmez mi novela "El tesoro delos franceses" (Ed.: Almuzara, Córdoba 2008).

Pedro Calzado, Aurora Alcalá, Aurora Rubio, José Calvo Poyato y yo mismo.
(Fotos: A. J. Cobos)




Agradezco una vez más el apoyo prestado por el Ayuntamiento belmezano, y la cuidada, documentada y magnífica intervención de mi presentador, el escritor, historiador y académico José Calvo Poyato.
Agradezco igualmente al coordinador del acto, Pedro Calzado (Cadena SER), el haber llevado estupendamente las riendas del mismo y el haber sabido salpimentarlo de forma interesante.
Y agradezco especialmente a la alcaldesa belemzana, Aurora Rubio, su presencia y cálidas palabras.
Para la concejala de Cultura, Aurora Alcalá, tengo algo más que agradecimiento por su continuo estímulo, su trabajo incansable y su acogida.
Y para el público presente, que abarrotó el salón de plenos, mi superlativo agradecimiento por su interés y el cariño demostrado.
Un abrazo a todos.

martes, 18 de noviembre de 2008

La cúpula

LA CÚPULA

Pues a mí me gusta la cúpula que Miquel Barcelò ha decorado en la sede de la ONU en Ginebra. Comprendo que la derecha esté dando caña por lo carísima que ha salido y por la procedencia de parte de los fondos empleados para pagarla; pero esto no deja de ser una apreciación hipócrita e interesada como aquel reproche que Judas le hizo a Jesucristo cuando éste se dejó agasajar y untar con el caro perfume de nardo de la Magdalena en vez de vender el perfume y dar el dinero a los pobres: no está bien criticar una buena obra cuando siempre habrá dinero y pobres a los que ayudar. Por otra parte, medios de la izquierda caen en la horterada cuando dicen, por defenderlo, que Barcelò ha ejecutado una nueva Capilla Sixtina. El debate, claro está, sólo responde a los intereses políticos de cada uno y deja de lado lo artístico. Incluso se ha hablado del asunto en el reciente encuentro sobre creación y edición celebrado en la Facultad de Filosofía y Letras (por cierto, mil gracias y enhorabuena al profesor Diego Martínez Torrón y a la escritora Tania Padilla por la organización y los resultados); en la discusión creo que ejercieron de fiscal y defensor, respectivamente, Albert Boadella y Martín Garzo . Yo creo que las cosas hay que relativizarlas y no olvidar nunca que el arte tiene casi siempre un puro fin decorativo, lo siento, admirado Albert ; y que el mecenazgo, asunto sobre el que diserté yo de forma sucinta, ha sido y será siempre no solo bueno sino necesario y casi imprescindible. Bien por los viejos mecenas, fueran Papas o duques, y bien por los nuevos, como entidades financieras y políticas. Y gracias.
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La cúpula ( Diario Córdoba - 18/11/2008 )

lunes, 17 de noviembre de 2008

No hay pulso

Lo peor es que nos hemos quedado sin pulso. Y cuando el pulso falla, o deja de latir, estamos muertos. Nunca antes había pasado. Cuando el bienestar se va al traste, cuando la supervivencia no encuentra ya tablas de salvación, cuando quienes se supone que están ahí para trabajar a destajo imaginando, diseñando soluciones, sólo se dedican a mejorar y a engrosar su parque automovilístico, y no decimos nada ni pedimos que rueden cabezas, si nos quedamos tranquilamente viéndolas venir mientras la cosa no vaya con nosotros, es que estamos decididamente muertos. Creíamos que los intelectuales debían ser, entre el conjunto del rebaño, los que levantaran primero la voz de queja; creíamos que a ellos les correspondía poner dedos en las llagas de las causas que nos afligen, meter dedos en los ojos del poder y sus incompetencias; creíamos que iban a escribir, a pintar, a arañar con su compromiso tantas veces cacareado las conciencias y las inconsciencias, pero se ve que tampoco va con ellos este feo baile que ha comenzado: el clientelismo y la subvención han funcionado de maravilla anestesiando también a los espíritus críticos. Los adalides del trabajo ya no lideran nada ni llaman a la acción, la oposición sólo oposita a un puesto perenne en su cómodo estado, los que se atribuyen la facultad de pensar militan en el progresismo más inmovilista y pesebrero. Habrá que volver a escuchar a los poetas, cuando hablaban. Florinda Mintz nos dijo en su Oración profana : "Silencio, las campanas anuncian la hora precisa, exacta del entierro". No hay pulso.