viernes, 29 de enero de 2010

Nuclear

Luego dicen que la culpa no es de ellos, pero los políticos se tienen merecida la falta de credibilidad, la desconfianza creciente, imparable, que siembran a su paso. Ahora le toca a lo nuclear...

Nuclear ( Diario Córdoba - 26/01/2010 )

domingo, 24 de enero de 2010

"Te la quitaré aunque esté muerto", de Consuelo García del Cid

A veces, leer una determinada novela no sólo es el resultado de una elección o una casualidad; a veces es un auténtico privilegio. A veces, uno empieza a leer una novela por un determinado motivo y de pronto se encuentra con que continúa leyéndola y con que incluso la termina por otro absolutamente diferente.
Acabo de terminar “Te la quitaré aunque esté muerto”, de Consuelo García del Cid, pero ustedes no la encontrarán en ninguna librería porque aún no se ha publicado. Por lo tanto, el haberla podido leer en estas circunstancias es otro privilegio.
“Te la quitaré aunque esté muerto” es un viaje apasionado por la vida y la muerte a través de la amistad y del amor, un viaje que no acaba con la muerte sino que continúa, de otro modo más rico, después de la muerte. Se trata de un recorrido misterioso y feroz en una busca inconsciente del destino, del propio destino. Como en el Juego de la Oca, cada casilla, cada etapa, es una expectativa, un desafío, una esperanza o una frustración, y todo el casillero un conjunto de avatares que terminan en el paraíso pero sin olvidar que pocos instantes antes, pocas casillas antes, nos puede esperar la muerte. Así, en esta novela también nos espera la muerte y la angustia, aunque, como en la Oca, la muerte no va a suponer el fin sino un nuevo principio, una transformación, una nueva oportunidad para el aprendizaje.
“Te la quitaré aunque esté muerto” es una novela que considero imprescindible en el panorama creativo de estos momentos, un paréntesis, un respiro entre tanto código oculto y tanta conspiración. Consuelo García del Cid nos habla de algo de lo que casi nadie nos habla ya, del ser humano y de su fortaleza, que es una cualidad ésta que sólo se deja ver en los peores momentos. Y de esto Consuelo García de Cid debe saber bastante pues tengo entendido que la historia se basa en un hecho real.
La protagonista, Alba Guerra, ha sido elegida por el destino para realizar un periplo vital que arranca en la  esperanza, culmina en el éxito y, por decisión propia, acaba en el abismo cuando elige dejarlo todo por acompañar a su amigo Pablo hasta el final de su vida cuando éste resulta golpeado por el sida en una ciudad como Barcelona que en los noventa fue castigada especialmente por esta enfermedad. Alba descubrirá su fortaleza, su entereza, antes que su flaqueza, pagará su precio, sí, pero se cobrará los réditos, vivirá, se morirá a chorros de pena y desesperación pero renacerá tras la muerte de Pablo, y en el camino reíremos con ellos, sufriremos con ellos y descubriremos el grado insospechado en que el ser humano es capaz de ofrecer aún el amor, es decir la amistad, y sobre todo la generosidad, que es mucho más que la caridad.
No conozco a Consuelo García del Cid, aunque ya es un nombre apreciado entre mis contactos en la red social de Facebook. He ido sabiendo poco a poco que es poeta, que ha publicado algunos libros de este género, que se dedica al periodismo, creo, y que ejerce una intensa actividad cultural en Barcelona. Y es precisamente por ello, por no conocernos, por lo que agradezco la confianza que me ha demostrado al prestarme su novela. Mi agradecimiento es infinito, porque es que además me ha encantado y, si mis circunstancias personales hubiesen sido otras y me hubieran dejado más tiempo, me la habría leído en dos tardes, porque la historia engancha y conmueve, abate y vivifica. Continuar su lectura se nos hace por momentos imprescindible.
Ojalá esta novela encuentre pronto editor, los lectores amantes de una literatura basada en cosas que decir, en el descubrimiento de los sentimientos como una aventura que creíamos amortizada, se lo agradecerán.

martes, 19 de enero de 2010

FBI, TIA

Como dice el propio Gaspar Llamazares, si el asunto no fuese tan serio, sería para tomárselo a broma. Que el todopoderoso FBI le ponga tu frente y tu pelo...

Fbi, tia ( Diario Córdoba - 19/01/2010 )

lunes, 11 de enero de 2010

Pérez-Reverte en Eritrea en los años setenta



Me encanta esta imagen. Se trata de una instantánea de la guerra de Eritrea a finales de la década de los setenta. Este conflicto enfrentó a Etiopía con la región secesionista de Eritrea, que finalmente alcanzaría su independencia.
La foto nos muestra al entonces joven reportero de guerra del diario Pueblo (de Madrid) Arturo Pérez-Reverte junto a un jefe rebelde. Es una imagen que nos habla de una estética de otra época, donde los reporteros se vestían con sahariana y pantalón a juego (sólo le falta el salacot a lo explorador del Congo, "el señor Livingstone, supongo"). El maletín del reportero es todo un hallazgo, con sus patitas metálicas como si se tratase de un bolso de viaje, o sea un Samsonite o algo así. En aquellas fechas -y hasta bien recientemente por cierto- este periodista gastaba unas gafotas de esas que ocupaban toda la cara, aún no se había dejado la barba ni había echado la mirada de mala leche que el mundo y los años prestan a quienes jamás se resignan. Aquí Pérez-Reverte posee una estética increíble a lo Tintín: lampiño, boquita de piñón, mirada muy joven, demasiado joven y un pequeño flequillo que no llega a ser tupé pero que recuerda el copete del personaje de Hergé. Hay que reconocer que las aventuras de Tintín nos inspiraron a muchos.
En cuanto al jefe eritreo, viste como se supone que debe vestir, con túnica y turbante a lo León del Desierto, a lo jefe propietario del oasis que sale en Lawrence de Arabia (Anthony Quinn), con un reloj de acero inoxidable y sumergible de los que se llevaban en los setenta (yo mismo tuve un Seiko buenísimo de esos) y ante una ametralladora de aquellas británicas de la II Guerra Mundial.
Otra época, otra historia, donde el reporterismo, e incluso el guerrillerismo, tenían su etiqueta y sus formas y cada cual estaba donde estaba. No ahora, donde muchos van en vaqueros, matan con poca elegancia y encima a los reporteros, si los cogen, la sociedad exige que se movilicen gobiernos, cónsules y aviones, barcos y tanques. En la guerra de esta foto, Pérez-Reverte estuvo perdido varias semanas y nadie se movilizó -aparte de un enviado del propio periódico-, ni él lo exigió ni protestó después, como reconoce en su última columna en El Semanal.

Burj

Me pregunto cuánto habrá pagado el califa de Dubai a...

Burj ( Diario Córdoba - 11/01/2010 )