Mi periódico quería esa noche una foto del cura en misa. Imposible, no hubo misa, la iglesia estaba cerrada. Me aposté en la puerta dentro del coche, esperando, los minutos pasaban. Seguramente ya habría sido detenido a esas horas, o se habría marchado del pueblo aprovechando la oscuridad. Pasaron unas feligresas deprisa, hacía frío. Hice un barrido, había poca luz, era artística la foto, mostraba cómo la feligresía huía de la parroquia ante un hecho así. No la publicaron. Al cura pederasta no se le volvió a ver.

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