martes 10 de enero de 2012

De Torres-Dulce al cine

Ahora que acabamos de nombrar a Eduardo Torres-Dulce como Fiscal General del Estado, me ha dado por ver otra vez cine a deshoras, que son las únicas horas en las que puedo ver cine.
Me encanta este Fiscal, no por su trayectoria profesional, que desconozco en el detalle, sino por aquellas gloriosas tertulias cinematográficas que nos ofrecía con José Luis Garci en Días de Cine, la mirada siempre juvenil, inquieta y rebelde, los comentarios picantes, acertados, claros.
Sí, ahora veo cine a deshoras de nuevo, cine negro, claro, aclaro, y he comenzado por dos títulos absolutamente dispares: "Justo antes de anochecer" (Juste avant la nuit) de Claude Chabrol (1971), y "No es país para viejos" (No country for old men), Hermanos Coen (2007).
La primera me ha producido sensaciones contradictorias pero en resumen placenteras: la visión de una París y una Francia que ya no existe, la pésima actuación de unos protagonistas -sobre todo Michel Bouquet en el papel de Charles, el prota principal- hieráticos, acartonados, cómicos en su afectación, la gran historia que deslía el argumento (basado en la novela The thin line, del libanés Edward Atiyah), la tragedia que se va mascando y que uno no acepta como posible pero que al final resuelve del único modo posible el nudo gordiano de una situación insostenible. "Justo antes de anochecer" es un paradigma de aquel cine francés de nouvelle vague pretencioso (¿lo he dicho ya?) que puede ser aburrido a veces en sus planteamientos escenográficos pero que llega a ser sublime en una acción a cuentagotas. Desasosegante, estresante, como el buen cine de todos los tiempos.
En cuanto a "No es país para viejos", que veo con muchísimo retraso, ¿qué decir que no se haya ya dicho? Una de esas películas que hacen época, donde aprecio quizás el regusto de los hermanos Coen por una especie de violencia Sampeckinpahiana pero mucho más elaborada y mejor resuelta que en aquel realizador, y que estos hermanos ya nos avanzaron en su magnífica "Sangre fácil" que tuve el placer de desgustar en versión original en los Alphaville de Madrid hace ya varios siglos. Malos todos con algún matiz, avariciosos, droga de por medio, mexicanos malísimos y feísimos, desierto, el perturbado de turno, la frontera... no he dicho que está basada en la laureadísima novela del mismo nombre de Cormac McCarthy, autor de culto de la literatura negra norteamericana y mundial. Todo un espectáculo visual y una descarga anímica de oscuras sensaciones.

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