martes, 10 de julio de 2012

De la Roja a la R(i)oja

Adorábamos a la Roja y se nos transmutó en la "Rioja". Nada más dejar el balón 4 veces dentro del arco del fracaso de Italia, los héroes agarraron la maceta de whisky con hielo. A uno, sobre el escenario, cetrino, delgado, con marcadas arrugas desde los pómulos hasta la barbilla, al estilo de los bandoleros de Sierra Morena, no le salían las palabras e iba con la mirada extraviada. Otro, Sergio Ramos, con la susodicha maceta, no dejaba de repetirle a Reina que vivan sus h- y que le iba a comer los h- Edificante, todo un ejemplo a seguir por los millones de niños y jóvenes hipnotizados por la hazaña de la Roja. Por la Historia conocemos la delgada línea que existe entre la gloria y el ridículo, en ocasiones es una sola letra, en este caso una "i" que se te cuela y donde decía Roja ahora dice "R(i)oja", símbolo de alcohol, legal por supuesto, pero digno de mejor ocasión y auditorio. Si a ello añadimos el show repetido y repetitivo de Reina, que ya tiene por derecho propio el título de gracioso oficial del vestuario, pues magnífico, a por la cuarta. Lo de Reina, de todos modos, es lo más perdonable y digerible, al fin y al cabo lleva alegría y optimismo a donde otros ponen tupé separatista, y cuentan que supo armonizar a culés y merengues antes del campeonato: olé si fue así. Iniesta, tan buena persona y tan excelente jugador, no sale del guión de portador oficial de la felicidad, buen marketing en el que seguro le han dicho que insista. Pero bueno, ¿qué narices estoy escribiendo? ¿Qué esperábamos, una recepción de Premios Nobel? No era eso. Viva la Rioja.

De la Roja a la R(i)oja ( Diario Córdoba - 10/07/2012 )

jueves, 5 de julio de 2012

Agraviados


Ya han cogido al que robó el Códice, era un trabajador despechado porque le habían despedido.
Es curioso este tipo de obrero vengativo que en las películas matan a directivos de empresa o a médicos por lo mismo, pero los que se obcecan con los bienes culturales incensados por sahumerio religioso creo que yerran el tiro.
Malvender el Códice o quemar el barroco único de la Merced de Córdoba, o darle un martillazo a una escultura de Miguel Angel son ganas de fastidiar el patrimonio de la humanidad, y Dios y su Iglesia se quedan igual.
En estos casos la venganza debiera ser que el agraviado se fuera al abogado laboralista más cercano, y si no gana el caso pues que se pusiera a pecar, a pecar mucho, sobre todo en lo nefando que es lo que más.
O a blasfemar. Y, si eso resulta que no, pues se pasa al ataque directo, se niega el bosón de Higgs o molécula de Dios, o se mete un pollo o un caca de mentira de esas del día de los Inocentes en el sagrario, o se vacían los cepillos, o se pone uno a gritar consignas contra el dogma de la transustanciación en misa de doce.
No sé, cosas que duelan, que llamen la atención pero sin romper nada; a no ser derribar en misa de ocho los oros y el platerío, que hacen ruido y así de paso imitamos a alguien que hizo prácticamente lo mismo hace dos mil años y que no me acuerdo cómo se llamaba aunque lo tengo en la punta de la lengua.
Pero, hombre, dejarnos sin una joya bibliográfica del siglo XIII, o quemar retablos barrocos o martillearle el pene o una teta a una escultura artística, no llega, eso no llega arriba, lo más al juzgado de guardia.
Que estas cosas son de todos, hombre.
Agraviados ( Diario Córdoba - 05/07/2012 )