martes, 18 de diciembre de 2012

"Segunda vida" de Guillermo Orsi


Nuestros héroes derrotados por los yanquis en Filipinas en 1898 no dieron lugar a una novelística específica, tampoco los desalojados de Cuba y Puerto Rico en la misma fecha y por los mismos, ni los del Rif marroquí años después. Rayadillos les llamaban a todos, por el uniforme de rayitas con el que se cubrían en las guerras coloniales. Es cierto que el desastre de 1898 con la pérdida de las últimas joyas coloniales produjo en escritores e intelectuales un intento de regeneración política y social, una angustia vital que alumbró la escritura de Pío Baroja y Valle-Inclén entre otros, pero a los desembarcados en los puertos de Barcelona no los recibió nadie, quizás alguna autoridad apresurada y una banda de música que interpretaba incompleta la Marcha Real. Luego, a los cuarteles, a los nuevos destinos. La guerra seguía en sus cabezas.

Guillermo Orsi nos cuenta precisamente en “Segunda vida” el renacer de los héroes argentinos olvidados y despreciados, derrotados en la fallida invasión de las islas Malvinas, porque no hubo renacer. Tampoco a ellos los recibió la patria, entraron en los cuarteles de noche y sin molestar. Pero si no renacer, si hubo una especie de resurrección fallida, como una rematerialización chapucera del que se introduce en una máquina transportadora y sale con los órganos cambiados de lugar. Esa contrahecha resurrección a la paz, a la vida, exige a veces un tributo inexorable: se renace no para vivir, sino para morir de una vez; la vida no reconoce a fetos rescatados en el último momento y los arroja a la calle, al menudeo del tráfico estupefaciente, a los alunizajes contra los bancos de barrio. Casi siempre en Buenos Aires ahora.

De estos derrotados de cualquier guerra se me ha quedado en la cabeza, no sé por qué, uno solo, el teniente al que le salva la vida en Vietnam Forrest Gump (Tom Hanks) y que desprecia miserablemene a su salvador por haber quedado tullido. Es un personaje valle-inclaniano, miserable, esperpéntico, desmesurado, excesivo, trágicamente cómico.

No son así los de Orsi en “Segunda vida”. Ellos son gente que han sufrido un plomillazo íntimo dentro de la cabeza, el del terror, el del frío, el del desprecio y malos tratos de sus superiores, el de la humillación del enemigo. Escuché una vez a un antiguo combatiente británico explicar cómo guardaba en la memoria el chasquido que hace una bala cuando entra en un cuerpo rompiendo tejidos hasta chocar con el hueso; el veterano rubicundo lo decía llorando. Los mercenarios gurkas que les acompañaban, sacados del Nepal con su cuchillo curvo, impusieron el horror en sus víctimas, a las que mutilaron, degollaron y castraron a placer; los recutas argentinos, mal abastecidos, mal entrenados y mal dirigidos sólo podían morir o acoger para siempre en sus cabezas el terror como sustento para una improbable segunda vida.

El terror, la memoria que no se despega, es el recurso recurrente de personajes como El Porteño, El Turco, Platón, en su vida de supervivencia que no es sino un camino al acabamiento, cuando sea. Contratados de nuevo para una misión relacionada con el robo de capitales y el narcotráfico sufrirán las mil desventuras, avión estrellado en la selva, asalto frustrado a estancias agrarias, travesía de provincias infestadas de indios y peligrosos narcos; y, lo peor, revivir en las calles de Buenos Aires una vida sin proyecto en pos de un botín que siempre les es esquivo hasta sufrir la traición de los jefes y hasta de algún compañero, de todos.

Como en otras obras de Orsi, la meditación pofunda y refrescante, la que te acaricia el cerebro con sus propuestas llenas de humanidad y desesperanza, toman carta de naturaleza quizás en mayor medida que la historia policiaca en sí en “Segunda vida”. Por otro lado, las escenas porno-eróticas, el amor, la imposible estanqueidad relacional entre personas de distinto sexo, que por ello acaban indefectiblemente follando a la menor oportunidad, explican muchas cosas: la soledad, el ansia de poder, la animalidad más genial, sublime e insuprimible que es patrimonio del ser humano en la fase primordial de sus relaciones con el otro sexo.

Los que aprendimos en los setenta a idolatrar, mitificar y sublimar la idea de Buenos Aires y de la Argentina de manos de los cuentos y novelas del llamado Boom sudamericano, los que hicimos nuestras sus avenidas, sus parques, sus islas, sus casas solariegas, sus sótanos ocultos, llegamos con las novelas de Guillermo Orsi y otros autores de este nuevo boom negro argentino, a una madurez desengañada en donde aquel nuestro paraíso perdido ahora está lleno de chorros, de canas corruptos, de un sistema jurídico que perece en su propio aburrimiento e impotencia, de personajes que viven del milagro de lo cotidiano.

Mucha menos ironía (aun habiéndola) en “Segunda vida” y menos humor que en las anteriores novelas de Orsi. Esos trazos contados son reflexiones a cielo abierto y siguen sin dejarnos nunca indiferentes. Orsi tiene la capacidad de hacer que comulguemos con sus propuestas de tan evidentes y lógicas como nos las presenta.

Finalmente, “Segunda vida” es quizás en la novela de las suyas, incluyendo la extraña y sublime “Navegantes de un viejo bolero”, en la que el autor rioplatense más nos toca la fibra sensible de la mano de unos personajes auténticamente perdedores, miserables, pero que conservan algo sin embargo: la capacidad de amar, o la de buscar una mujer con quien fundirse literalmente, con quien sentir al menos que están vivos. Como en otros textos de Orsi, las mujeres, sin llegar a ser personajes actores principales, sí se convierten en algo más importante aún, en personajes conductores de la historia, son el contrapunto de todo, la clave de todo, el agujero del embudo por el que cualquier acción de los protagonistas debe pasar.

Nos reserva Orsi para el final –aparte de un episodio relacionado con el cobro de una pasta ilegal y esquiva, que ya ha dejado de interesarnos al calor de unos pasajes más íntimos e interesantes a pesar de tangenciales- la recuperación de una vieja historia apenas esbozada muchos capítulos antes y que al terminar se impone con toda su contundencia haciéndonos que te agarre un nudo en la garganta. La maestría de Orsi, ¿quién dijo que no nos iba a regalar un último cartucho de estilo, que no nos iba a zamarrear, que nos iba a dejar ir como si nada?

Sí. Sigue Malvinas. Aquellos reclutas que se enfrentaron a los ingleses en las islas siguen muriendo a decenas, se suicidan, o los caza la policía en redadas, o son víctimas de refriegas en las villas marginales. Porque la guerra continúa no sólo en sus cabezas sino en la sociedad. De todo aquello salió un país extraño del que todos querrían huir, injusto con los desvalidos, prepotente unos con otros, encabestrado y bien sujeto al poder financiero. Y por eso, sigue y seguirá Malvinas en su infierno subsconciente colectivo.

Conseguí la novela por internet de una librería de Buenos Aires en cuanto se publicó, creo que no ha sido traída a España. Me costó más del doble por culpa de los gastos de envío, pero también a nuestros reyes de la Casa de Austria les costó lo suyo traerse riquezas equiparables a ésta de las Américas, al menos la mía llegó sana y salva, se conoce que mi galeón era más seguro o estaba mejor artillado. El libro posee una calidad editorial no muy buena, mejorable, y por ello nos evocap el regusto de aquellas novelas negras que, ya desde la portada, nos espetaban su pertenencia a un género B que ya hoy día no es tal, y menos con un título como éste. Y ahora encima me entero de que ya está descatalogado casi recién nacido, que la editorial ha dejado de distribuirlo, que ni siquiera se tomó el esfuerzo de colocar los ejemplares bien. Bueno, quizás Orsi debiera romper el contrato y hablar con sellos que están dando mejor cancha y calidad al género: hay varios. Porque este novelista, que poco a poco ya está siendo reconocido como uno de los grandes de lo negro (para mí, también en cuanto a la narrativa en general, sería fácil e injusto encasillar sus textos como etiqueta negra únicamente) y su voz está siendo escuchada en todas partes; este novelista, repito, debe ser elevado a donde se merece, que no es ni la fama ni la apariencia, sino a los foros y a las editoriales que sepan tratar las buenas historias como se merecen.

Feliz Navidad y Próspero año 2013


Felices Fiestas a todos.

martes, 4 de diciembre de 2012

Belmez clama

Hoy es el día de Santa Bárbara y leo que los últimos mineros cordobeses, 22, los últimos de Filipinas de la minería del Guadiato, han sido prejubilados. Y leo que continúa la acampada de protesta de ciudadanos de Belmez frente a la Subdelegación del Gobierno reclamando el impago de un proyecto aprobado por el plan Miner en 2010 y cuya parte proporcional el propio consistorio ya ha satisfecho. La minería vuelve a ser noticia en lo que parecen los últimos coletazos de la última esperanza de la última región de Europa. Conozco a la alcaldesa Aurora Rubio, de IU, a la que atacan con palabras que en realidad son un elogio cuando dicen que no es sectaria sino pactista, que ha sabido "arrimarse" o negociar con cualquier fuerza de cualquier ideología, o sea que no es una política al uso sino lo que debiera ser un alcalde, una representante de su pueblo. Como otras ediles, María, Pepi, Isabel, Aurora es mi amiga, y lo es porque es íntegra, honrada, cabal, seria, inteligente, humana, sencilla y valiente. No creo que mis medio conciudadanos de Belmez estén reclamando algo que no les corresponda. También tengo por amigo al subdelegado del Gobierno; Juan José Primo es íntegro, honrado, cabal, serio, inteligente, humano, sencillo y valiente, y lo proclamo ante quien lo dude, y por eso creo que son dos personas, dos gestores, que no debieran enfrentarse. Por desgracia la situación les supera: no hay dinero; pero Belmez y Peñarroya, las localidades que más empleo minero han perdido, se ven ahora perjudicadas por los impagos. Es hora de sentarse a hablar y de solucionar juntos lo que es justo.



Belmez clama ( Diario Córdoba - 04/12/2012 )