lunes, 25 de febrero de 2013

Galas de cine

No veo las galas del cine. Veo cine o no veo cine, pero no galas.

Es que no acabo de creerme a estos goyoritos reproduciendo aquel glamour del Hollywood auténtico. Me gusta que sean actores, actrices, productores, músicos, sastres, etc. Y hacen en en general muy bien casi todas las películas. Pero no veo esa tremenda orgía onanista y masturbatoria que suponen las galas para mirarse el ombligo vestidos de un glamour ya pasado que no volverá.

No vi la gala del otro día del cine del PSOE y tampoco vi anoche la de los Óscar. Cuentan que estuvo presente en plan speaker Michelle Obama, no me imagino aquí a la reina Sofía o a la mujer de Rajoy entregando premios. Puede que allí sea una gran industria nacional y aquí una actividad subvencionada no muy rentable y sea por eso. Injustamente, añado, porque el cine español me parece en general bueno, a pesar de que las películas de las guerra civil sean todas iguales.

Algo sí es mejor en la gala de los Óscar, según cuentan. Los participantes sólo hablan unos segundos y no ponen a parir a su gobierno ni hacen de ello el argumento principal de la noche. Allí se trata de un acto profesional y comercial y no político o sectario. Y los mismos que aquí se envuelven en su bandera, allí cierran el pico y no critican al imperio. Porque, quizás, ya se sabe, el imperio contraataca y los puede expulsar de los circuitos del dólar.

No voy a comentar ni a la hipotecada antihipoteca Maribel Verdú ni a la Peña cuyo padre, miente ella, murió de sed y frío sin mantas en un hospital barcelonés, no me dan risa los malvados ni los mentirosos, ni los hipócritas ni los cínicos. Sólo me gusta ver las buenas películas que hacen todos, los muy joíos.

No hay que seguir la estúpida tendencia de enaltecer en lo personal a los artistas, a los actores, a los escritores, a los dirigentes. Lo que nos debe importar es que hagan bien su trabajo, no lo que digan ni lo hideputas que sean.

martes, 19 de febrero de 2013

Desnudeces

Sale desnuda la sobrina de MísterAnsar (conocido como Aznar en el siglo) en una portada de revista y la imagen nos recuerda que somos carne mortal. Desnudarse es un sano ejercicio que suele practicarse voluntariamente más en épocas de bonanza, como cuando las faltas se acortaban en los 60; pero es que en épocas de vacas famélicas también nos desnudan, nos despojan, nos esquilman. Por eso la sobrinísima se desnuda, quizás, porque ya nadie tiene nada que ocultar, nada más que los de siempre, los de los sobres, los pelotazos y los maletines. Dice la sobrina que Aznar es un cachondo y que en la mesa enseña la comida en la boca, lo cual aparte de una asquerosidad nos vuelve a recordar que somos mortales y que quién no se lo ha hecho alguna vez a alguien en un momento gamberro. También el Papa se desnuda y, con su blanco manto dejado caer noble y valientemente en el suelo al desgaire, nos desnuda el ajado cuerpo de una Curia malvada, interesada, trepa, egoísta y alejada de Dios, lo cual que no creo que a Dios le importe mucho porque ya dijo santa Teresa que Dios Padre se encuentra entre los pucheros. Desnuda sus pecados Urdangarín en el correo y envía fotos de ciclistas desnudas a los amiguetes, o sea, también como todos, pero además él estaba siempre em-Palma-do. Otros desnudan su declaración de la renta, pero eso es como si bajo la ropa tuvieras un abrigo, porque en realidad no se les ve nada porque no son funcionarios de perfil bajo o medio. Hasta Rafael Gómez desnuda su vocabulario de artificios y desnuda sin querer a otros o a otras más rosas. Con sus sansonesmachacaos .

Desnudeces ( Diario Córdoba - 19/02/2013 )

miércoles, 13 de febrero de 2013

Ana María Hernando, entrevista post mortem

--Ana Hernando, ¿el más allá es comunista? --Alberto, ¿me vas a entrevistar?, yo esperaba un artículo bonito como cuando se fueron Pepe y Rafa. --Ana, lo que pudiera decirte ya lo sabes, pero es que tú te has ido de concejala. --Como quieras, plumilla, pero te dije muchas veces que me llamo Ana María Hernando Cano, no Ana Hernando... --Es que en el periódico hay que mirar el espacio. --No me importa, mi madre me puso Ana María. --Vale, Ana María, ¿el más allá es comunista? --No puede ser de otra forma, no hay otro modo de realidad, lo demás es impostura. --Das por sentado que existe el más allá. --Claro, aquí estoy, y veo gente muy querida, ¿los ves? --No, no puedo verlos. --Peor para ti, los periodistas no véis más allá de vuestras narices. --Compruebo que sigues con tu carácter. --Nuestra vena Moya, la de la tía Magdalena. --Creo que esa era la barrera de protección de tu fragilidad. --Bueno, tú deja que la gente piense lo que le dé la gana. --¿Es importante la imagen? --Decía Evita Perón que sí, pero ella se pasaba; yo, por ejemplo, he dado siempre mucha importancia a las fotos oficiales, ¡lo que te he hecho pasar! --¿Y el dinero?, tu despego ha sido tremendo. --Pues claro, el dinero es una ordinariez y no estaba una para mezclarse con la mediocridad y los comportamientos predecibles. --Dabas los mejores mítines, Ana. --Di pocos porque acababa llorando. --Yo también. --Tú porque eres un sensiblero. --Buen viaje, Ana, un beso. --¿Ves como eres un cursi?, vale, un beso, que tengo que irme. Y pon que me llamo Ana María, no se te olvide.

Ana Hernando ( Diario Córdoba - 13/02/2013 )

martes, 5 de febrero de 2013

Objeto a ser objeto

El último cheque en blanco de la inocencia ha caído del talonario al suelo. No caben más excusas, más explicaciones, ni en televisión ni ante el propio espejo; es la hora del llanto y del rechinar de dientes aguantando las flechas en su carcaj pese a todo. Yo, desde este mismo momento, me declaro objetor electoral hasta que se aclaren judicialmente todos los casos abiertos en todos los partidos. Me declaro objetor de fe hasta que vea a la justicia actuar deprisa. Me declaro objetor político hasta ver a la casta gobernante reconocer responsabilidades y al Rey y los suyos ponerse el sayo de esparto y ceniza en la cabeza --como hizo Enrique II de Inglaterra para pedir perdón por el asesinato de su amigo Thomas Becket, arzobispo de Canterbury--, y despojarse de sus prerrogativas y arrodillarse ante los jueces. Me declaro objetor económico y ateo cívico mientras no vea juzgados a los agentes del poder económico responsables de nuestra desdicha. Objeto a mi ciudadanía hasta que las listas sean abiertas y la democracia, imperativa. Y me declaro objetor de esperanza hasta que vea a los jueces dejar la política, sus partidismos, corruptelas, apego por el escalafón y por arrimarse a ideologías que les hacen perder la independencia y la vergüenza. Me declaro objetor de caridad con los culpables de nuestro despertar en medio del frío moral que nos araña; y objetor de omisiones hasta que los predicadores dejen sus palacios y sus cartas vergonzosas. Objeto porque renuncio a seguir siendo un objeto. Un medio en manos de ellos, en su beneficio.


Objeto a ser objeto ( Diario Córdoba - 05/02/2013 )