martes, 20 de agosto de 2013

Vituperio de majaderos

El día que la eurodiputada británica Julie Girling se puso estupenda, Europa se fue un poquito más al guano. Estamos tan convencidos de que los políticos españoles son los más zotes del mundo, que el bosque del norte no nos deja ver los árboles de cenutrios que pululan por las instituciones europeas. Y cenutrias. Cuando algunos defendimos el premio Nobel a la UE por haber logrado que sus miembros dejen de darse mamporros en los últimos 60 años, algunos nos salieron con algo que no tenía nada que ver con el dichoso razonamiento para el premio: lo malísima, opresora, etc., que es Europa. Pero la bodoque, bodoca o bodoquesa eurodiputadda británica, ella solita, se ha cargado cualquier argumento en favor de nuestra común madrastra y ha dejado con la bunda -que dirían los brasileños- al aire a las instituciones europeas. Porque valerse de su sillón allí para solicitar el boicot turístico contra uno de sus miembros (España) por culpa de una colonia anacrónica en la propia Europa (Gibraltar: Yibrolta en su lengua oficial, o Hibrartá en la oficiosa), que es precisamente la que la UE debería hacer desaparecer, no viene a demostrar sino que las instituciones continentales son -en lenguaje dadaísta- un auténtica caca. Luego vendrán los del "volvemos Europa" y los otros a pedirnos de nuevo el voto para seguir enviando mendrugos -burros los define un juez cordobés- a los escaños europeos, pero ya no cuela. Lo que tenía que hacer la UE es pensar para qué sirve. Y darle la jubilación a la Girling. Y a Durao Barroso, que el hombre lleva mucho.


Vituperio de majaderos ( Diario Córdoba - 20/08/2013 )

miércoles, 14 de agosto de 2013

Fletanes y perejiles

Dicen que a España le hubiera ido mucho mejor en la Historia si, en vez de ser aliado recurrente de Francia, lo hubiera sido de Inglaterra. Pero si siempre fuimos el amigo tonto de Francia, el que pone barcos, hombres y honra merced a pactos de familia borbónicos o a imposiciones napoleónicas, con Inglaterra habríamos sido también el tonto útil en conflictos continentales ajenos. El problema es ese extraño complejo de no saber qué somos, quiénes somos y para qué estamos aquí que suele apoderarse de los españoles. Más que un país, parece que fuéramos una duda, una quimera, un frenesí, un sueño, una ilusión, que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. La aburrida recurrencia del quiste gibraltareño suele saldarse con envainamientos, desdecires, diego-digo-dieguismos y cosas así; en cuanto los piratas enseñan los barcos de guerra nosotros recogemos a nuestros pesqueros y la gente tiene que dedicarse al contrabando. Pasó cuando aquella guerra de besugos por el fletán: la flota pesquera española solía trabajar en aguas fuera de la zona exclusiva canadiense extrayendo el fletán, un bicho feo y barato que sustituye al lenguado en las ollas populares. Los piratescos descendientes de los ingleses vieron el negocio y enviaron buques de guerra; España también mandó algo en plan defensa y tal, pero cuando hubo amenaza de conflicto mayor, se procedió al envainamiento y la cosa quedó ahí, Fraga bramando y la izquierda gobernante tragando. Ahora la derecha puede volver a su perejil y poner los fletanes sobre la mesa. Veremos.

Fletanes y perejiles ( Diario Córdoba - 13/08/2013 )

martes, 6 de agosto de 2013

Aullidos

Llora el siglo su aullido de plañidera griega como el chiflido de un tren desbocado. Se nos llena el paisaje de muertos vomitados por el medio de locomoción más simpático de todos, el tren, el que empapaba las poesías infantiles y de Campoamor, el caballo de hierro de los vencidos en las estepas norteamericanas. Llora el siglo con su aullido de tren moribundo que ha cambiado en los vagones las gallinas y los alegres paisanos de tercera de antaño partiendo y compartiendo chorizo y queso a navaja, por muertos franceses, chinos, gallegos, suizos y chilenos con cartera ejecutiva o mochila. Parece que el tren se ha vuelto loco como las ballenas que vienen a suicidarse en la costa. El tren anda como queriendo matarse llevándose a todos por delante ya que muchos quieren acabar con él, porque aunque siempre se dice que el tren es el medio del futuro y el progreso, a la mínima lo desvencijan y desmantelan como si él tuviera la culpa de algo. Como desmontaron los trenes de mi infancia, un día abrieron la tierra de Peñarroya y el Guadiato y vi cómo desenterraban sus venas paralelas de hierro hasta que el tren fue un recuerdo y una nostalgia. Ahora la gente aúlla en Los Pedroches por un tren que ya no aúlla al entrar en los túneles como los de antes, su paso es un sigilo de aire o de muerte, pero la suerte está echada en un país que construye aeropuertos sin aeroplanos y estaciones para que rueden empujadas por el viento y el polvo las barrillas, salsolas y chamizos como en un poema de Whitman. Mis trenes de la infancia eran automotores en Cámaras Altas, locomotoras y pasajeros que sí llegaban vivos. Y sonriendo.

Aullidos ( Diario Córdoba - 06/08/2013 )