martes, 27 de mayo de 2014

¿Podrán?

Los únicos que han ganado también dicen que no han ganado. ¿Pose postelectoral o sentimiento sincero de que se podía todavía más? Podían más, dicen los de Podemos, yes we can. Han ganado, y es bueno por una razón, porque así se canaliza por fin de algún modo la indiscutible presencia de los indignados, que andaba diluida y semitransparente, y eso que venían iluminados desde lo de Sol. Dicen que ellos no son los indignados, pero parece que sí, y no está mal que se abra el arco político a estos jóvenes que tienen el derecho y el deber de hacer oír su voz a través de las puertas y ventanas de que dispone la democracia: urnas, parlamentos y todo eso, y no andar zascandileando todo el día en las aceras y en el pavimento bajo el cual se adormece la playa. Lo que choca, no obstante, es el líder; un tipo con apariencia de ser extremadamente inteligente y de tener el objetivo clarísimo pero al que traiciona, no sé, el rictus. En primer lugar, el rictus del personalismo, del culto a la personalidad, al convertir su propio rostro, serigrafiado, en el logo del partido sobre la papeleta electoral. El rictus de la mirada, entre directa y fulminante, que debió tener Robespierre; Pablo Iglesias II parece otro incorruptible como monsieur Maximilien, que poseía una mirada glacial que congelaba cualquier ardor ajeno al suyo propio. La derecha, tontuna como siempre, le ha hecho un nombre, y la campaña gratis, a Iglesias paseándolo en todas sus tertulias gatunas, donde se llevaba casi siempre el agua de los argumentos --muchas veces demagógicos y deslumbrantes-- al molino de su verbo fascinante. ¿Podrán?

¿PODRÁN? ( Diario Córdoba - 27/05/2014 )

Rubik

Con razón los de mi generación son los más capaces de comprender el galimatías del mundo, los arcanos del destino que es imposible mutar. Pertenecemos a una suerte de generación perdida que aprendió que la ilusión es el primer estadio del desencanto, al cual, hallándole el mínimo común divisor, la media aritmética y la quintaesencia, se nos queda en la pura y dura realidad. Y todo gracias al cubo de Rubik. Así como otras generaciones anteriores se formaron en el ajedrez y las damas, y por ello salieron tan previsores, ecuánimes, con una inteligencia emocional tan alta y con unos valores basados en la concentración y la caballerosidad con el contrario, que fueron capaces de montar guerras civiles, guerras mundiales frías y calientes e imperios varios, los de mi generación no; salimos mucho más pacíficos porque practicamos menos el ajedrez y más el cubo de Rubik, que ahora cumple 40 años y nos tuvo a todos dale que te dale hasta que conseguimos dominarlo. Porque el cubo de Rubik no necesitaba contrarios que aniquilar ni reyes que decapitar, constituía en una especie de placer solitario y reconcentrado que ya anunciaba los videojuegos y los Androids, tú solo frente a la inmensidad de formas y colores como ahora frente a una pantalla. Bueno, también nuestros padres hacían solitarios de naipes, pero raras veces se resolvían. La generación Rubik quizás seamos más planos y previsibles, menos complicados e interesantes, pero gracias a ese pulso contra nosotros mismos somos más pacíficos. Ninguna guerra ni conflicto podrá achacársele a los seguidores del cubo.

Rubik ( Diario Córdoba - 20/05/2014 )

miércoles, 7 de mayo de 2014

Se ve venir

Hay una lógica bastarda en aquellos que hacen del mutuo entendimiento un arte cuando están a punto de perderlo todo. Las urnas para una Europa que no es la que deseábamos van a dar la medida del alcance de ese mutuo entendimiento. El entendimiento y el trabajar en la misma dirección --como dicen los cursis-- es bueno cuando se hace por una razón basada en el bien común, lo cual denotaría una altura de miras que sería exigible en la buena gobernanza, como se dice ahora. Pero no, lo que los dos partidos principales están a punto de llevar a cabo junto a la Corona no es un entendimiento por altura de miras sino por la bajeza de los intereses propios. Ya se comenta a las claras que si, como parece que va a ocurrir, las urnas europeas dejan a las dos fuerzas mayoritarias muy tocadas, en las siguientes generales habría un pacto entre ambos y un gobierno de concentración. Y a eso vamos, a un proceso de entendimiento forzado que no responderá a la resolución de una situación caótica que lo está pidiendo a gritos: descrédito del sistema, de la jefatura del Estado, una economía minada por la corrupción extendida a límites inimaginables y por el aherrojamiento germano, un déficit que sólo intenta resolverse --de lejos-- a base de socavar las prestaciones que todo Estado debiera garantizar, que para eso está y para eso se crearon los Estados, y a fuerza de machacar a los funcionarios; sin contar las fuerzas centrífugas secesionistas de opereta, etcétera. No, porque ésa no es la razón que les moverá al entendimiento, sino la más pedestre de no perder su parcela de poder en beneficio de otros. No aprenden.

Se ve venir ( Diario Córdoba - 06/05/2014 )

Santos

La nómina del santoral aumenta de manera exponencial, se incrementa de forma directamente proporcional a la ola secularizadora que nos invade. Uno siempre ha creído que los santos y las imágenes de Semana Santa lo son y salen en procesión, a su pesar, y que la santidad no hay que demostrarla con milagros post mortem sino con ejemplos en vida. Pero en esto, como en todo, cada club social o cada ONG es libre de hacer lo que le parezca con sus acólitos. Por ejemplo, San Suárez de Cebreros, mártir, ha sufrido un proceso largo y tedioso en su canonización, a pesar del raro fenómeno de que, según los expertos exégetas para el proceso de la causa de los santos hizo los milagros en vida, y que aun así fue vituperado, perseguido, muerto y sepultado políticamente y sólo resucitó en el imaginario colectivo de las nuevas deidades del Panteón patrio al día siguiente de su óbito. El caso de San Tito Vilanova de Girona i Culé es más merengado --con perdón por el símil blanco--, puesto que el indudable dramatismo de su trágico fin ha puesto dulzona y ha magnificado la parafernalia de la puesta en escena del pésame, y además ha barnizado con una pátina de indefinible tristeza a una afición que ya tuvo su calvario y particular aflicción cuando se enfrentó con Guardiola, o viceversa, estando de cuerpo presente. Soslayemos la canonización de San Gabo Aracatacensis puesto que su proceso y ascensión al paraíso del socialismo real ya ha sido suficientemente glosado en recientes novenas y quinarios y no es cosa de mover más el merecidísimo hisopo. Visto lo visto, la Iglesia santifica peor. Más aburrido.

Santos ( Diario Córdoba - 29/04/2014 )

Hace falta un muerto

Aquí lo que hace falta es que se nos muera un escritor, dicho sea con perdón y sin ánimo de que se nos muera nadie de verdad. Bastaría con que hiciera como que se nos muere un poquito, como diría Gila; algo así como en la película Los jueves, milagro , donde el milagro era de mentira pero rentable. Ya que se está muriendo por ahí gente importante, de la buena del siglo XX, a raudales, a chorros, aquí en Córdoba, haría falta igual. Porque la muerte de un escritor, que suelen tener más predicamento y admiración entre el común, no sé por qué porque nadie lee, que la de un científico u otro tipo de artistas, genera recursos atípicos en las ciudades: se organizan jornadas, centros de interpretación y hasta congresos, lo cual aquí no sería posible porque nuestro viejo palacio con ese nombre seguirá siéndolo pero de momento no cuenta ni con un mal proyector fijo de vídeo y los organizadores de cosas tienen que llevarse de casa el suyo. La muerte de un escritor moviliza el turismo de élite cultural pero al menos estos óbitos y los saraos subsiguientes limpian, fijan y dan esplendor al nombre de las ciudades. Está pasando con García Márquez, me cuentan que en Colombia, como murió en Jueves Santo (por cierto no ha resucitado al tercer día como exigiría el realismo mágico) y ese día los plumillas no curran hubo que llamarlos al perol para que con urgencia hicieran ediciones especiales. Si hubiesen sido alemanes las habrían tenido preparadas desde hacía meses porque la cosa se veía venir. También valdría el subgénero de poetas y asimilados. ¿Un voluntario?

Hace falta un muerto ( Diario Córdoba - 22/04/2014 )