martes, 10 de junio de 2014

La Segunda no. La Tercera.

Julio Anguita decía en La Sexta que echaba en falta un debate y un acuerdo sobre el tipo de república que queremos, o que podríamos querer todos. Que no basta salir a pasear la bandera de la Segunda, sino que hay que sentarse a encontrar acuerdos para constituir una tercera república independiente de los partidos y que no sea sólo la república de las izquierdas. Negó que haya que constituir un frente de izquierdas en este asunto, sino que habría que poner en común propuestas de todos. De no hacer caso, es de prever que la mayoría del país seguirá viendo a la república como una cosa de exaltados obsesionados por ganar la guerra civil setenta y cinco años después, una república que no atrae a gran parte de las clases medias, la mayoría silenciosa, moderada, que con su voto oculto o menos cacareado es la que quita y pone gobiernos. Porque no parece que propongan una III República democrática y abierta a todos, sino una recuperación sectaria de lo que fue la Segunda. Se equivocan. La República, o es de todos sin distinción, como dice Anguita, y eso deben explicarlo muy bien los que ahora ponen tanto color en las calles, o en las próximas generales muchos, presa del pánico, van a votar en masa de nuevo a los dos grandes, y esto no deja de ser una lástima porque los nuevos aires siempre son buenos, pero para que ilusionen, al menos en un país occidental, en una democracia liberal inmersa en un entorno geopolítico como el nuestro, que a pesar de todo es el mejor de los mundos donde uno puede vivir, la cosa ya no funciona, en el siglo XXI, con sacar los demonios nacionales a la calle.

La Tercera ( Diario Córdoba - 10/06/2014 )

martes, 3 de junio de 2014

Y si sale, sale

Mucho ha tardado. Ahora harán todos el recuento, la evaluación de su mandato (llamarlo reinado suena a viejo, a Ancien Régime), todos dirán lo bueno que era, ha sido; como afirmaba hace poco Rubalcaba viendo lo bien que le tratan ahora incluso desde el PP, "es que en España sabemos enterrar muy bien". Yo creo, como ciudadano de a pie, que en términos generales Juan Carlos I nos ha decepcionado, ya que la decepción es un sentimiento que se experimenta cuando quien lo estaba haciendo bien termina haciéndolo mal, o cuando nos enteramos de cosas inconvenientes de alguien que creíamos que lo estaba haciendo bien. Como ciudadano, repito, me decepcionó tener la convicción casi absoluta de que Juan Carlos I rebasó una y mil veces sus atribuciones constitucionales como un rey antiguo, que se inmiscuyó en todo buscando algún beneficio, no sólo institucional sino también económico, y que hasta la parada del golpe de Tejero se nos sirve hoy con más sombras que luces. Entre las razones que muchos apuntarán hoy sobre su abdicación, particularmente creo que una se impone sobre todas: no es por sus errores privados o por sus aficiones, no por su estado físico, su marcha responde al hecho de que su hija Cristina se va a comer finalmente un marronazo y no querrá estar presente como Jefe del Estado cuando eso ocurra porque el caso lo arrastraría sin aplazamiento por culpa de las trabas que desde su Casa se han puesto para interferir con la Justicia. Por eso es positiva esta abdicación, que llega en el mejor momento. Y creo que Felipe VI superará las mejores expectativas. Y si sale, sale.

Y si sale, sale ( Diario Córdoba - 03/06/2014 )