martes, 30 de diciembre de 2014

LA VIDA

Feliz aquél quien, lejos de ocupaciones, como la primitiva raza de los mortales, labra los campos, libre de toda usura, y no se despierta, como el soldado, al oír la sanguinaria trompeta de guerra, ni se asusta ante las iras del mar, manteniéndose lejos del foro y de los umbrales soberbios de los ciudadanos poderosos. Así, ora enlaza los altos álamos con el crecido sarmiento de las vides, ora contempla en un valle apartado sus rebaños, o guarda las mieles en ánforas limpias, o esquila las ovejas. O bien, cuando Otoño ha levantado por los campos su cabeza engalanada de frutos maduros, ¡cómo goza recolectando las peras injertadas y vendimiando la uva que compite con la púrpura. Agrádale tumbarse unas veces bajo añosa encina, o sobre el tupido césped; corren las aguas por los arroyos, los pájaros dejan oír sus quejas en los bosques y murmuran las fuentes con el ruido de sus linfas al manar. ¿Quién, entre tales deleites, no se olvida de cuitas desdichadas?".
Cuando llega el invierno, me gusta recorrer y fotografiar una y mil veces (mil veces más) mi tierra del Valle del Guadiato, agreste y afortunado paraje que sobrevive en medio de la locura del mundo; decorado en donde inspirarse un poeta para dar a la luz hermosas líneas parecidas a las que anteceden, del Beatus Ille del vate latino Horacio. Y permítanme que no entre en análisis de fin de año ni en especulaciones de año nuevo, solo déjenme desearles un feliz futuro en concordia y armonía con la naturaleza, y si en algún momento no encuentran la paz, vénganse para acá.
La vida ( Diario Córdoba - 30/12/2014 )

martes, 9 de diciembre de 2014

Olvido



Las veo allí en su acompañada soledad de antiguos robots inservibles y olvidados, como viejos caballos que su dueño despreció cuando ya no le sirvieron para el trabajo, como el fiel perro que estorbaba cuando ya no fue útil. Son tres locomotoras de aquellas que transportaron carbón, energía para el progreso de Peñarroya y del país entero, todavía orgullosas en sus chimeneas y sus pesadas ruedas y bielas, pero lastimosamente oxidadas e inservibles por dentro y por fuera. Solo una, la Marta, está pintada y casi bonita, pero es un espejismo porque está tan anquilosada e inútil como las otras; como también la vieja bomba que se alinea junto a ellas, como lo que parece una pequeña tractora de interior de la galería para arrastrar vagonetas de dolor y perdida riqueza. Permanezco ajeno a las diatribas de los últimos tiempos sobre encargos a empresas de restauración de ferrocarriles, sobre contratos que nunca se cumplieron a pesar de haber sido abonados, sobre responsabilidades políticas y fondos perdidos, solo asisto al espectáculo de la incompetencia, de la zafiedad, del desamor por lo propio, por el patrimonio que alguna vez nos hizo ser nosotros. Me importan un vagón de escoria los juicios interminables, las condenas o las absoluciones de quienes tenían el encargo maravilloso y único de salvaguardar y velar por lo nuestro, me quedo con la imagen del abandono, de la frustración, del asco, de la desesperanza y de la certeza de que no hay remedio para nada. Más allá veo la puerta giratoria del orgulloso casino, de su sala de juegos, y otros exponentes que fueron vivos y ahora duermen entre polvo y telarañas.

Olvido ( Diario Córdoba - 09/12/2014 )









martes, 2 de diciembre de 2014

"El árbol del Vaticano", de Guillermo Orsi

La realidad imita al arte, lo sabemos, pero en El árbol del Vaticano , del argentino Guillermo Orsi, es la literatura, con esa facultad de ensoñación y análisis incluso de lo no ocurrido todavía que posee, la que nos avanza la certeza de que, en efecto, la realidad la imitará también en el futuro. Decir que es una historia de ciencia-ficción es arriesgar un rábano muy suculento por unas simples hojas en donde agarrarlo, aunque sea cierto que esta novela de Orsi se sitúe en una Buenos Aires caótica de un futuro más cercano de lo que parece. Una ciudad desalmada, desestructurada, violenta y absurda, donde un grupo descangayado en el que sobresale Romano, y en el que se van integrando otros esperpénticos Blade Runners porteños (cada uno víctima o agente de su particular, irracional y disparatada cuerda), interpreta una sinfonía a base de acordes serios y convincentes sobre el amor, el deseo, y, fundamentalmente, sobre cómo a no tardar nuestras sociedades se van a ir lindamente al carajo como esto siga así. Todos, por una u otra razón, buscan a una mujer nominada de varias maneras, cada uno tiene su polvo pendiente o sus cuentas que ajustar con ella, pero la cibernética se les ha adelantado y la ha convertido en el Poder, un Poder que ya no es otra cosa que ella. El reputado, premiado y admirado escritor Guillermo Orsi, de quien la editorial cordobesa Almuzara ha publicado varios títulos, nos entrega en El árbol del Vaticano (de momento solo en digital, en lektu.com) no otra cosa que nuestra imagen en el espejo quebrado de la pesadilla.

El árbol del vaticano ( Diario Córdoba - 02/12/2014 )