martes, 31 de mayo de 2016

Gol, risa, aire

Se oyen muchas tonterías sobre el fútbol, las últimas están relacionadas con la crisis. Leo que alguno no entiende a un país que se pone a pitar y a hacer follón en la calle cuando gana su equipo y no por la crisis, los desahucios, etc. Se trata de una consigna, claro, de un mensaje más de demagogia dirigida. Suelen partir siempre de los mismos extremos tales postulados filosóficos, y en quienes los leen producen el efecto contrario que buscan: la gente compadece a esa legión de tristes híper politizados que serían capaces de criticar la risa tras un orgasmo porque hay gente en la calle sin recursos. Tienen mucho de talibanes, en definitiva hacen de la tristeza el medio y el mensaje. Ya sabemos que en Iraq ametrallan a seguidores del Real Madrid (da igual el equipo) cuando celebran una victoria. Iguales de tristes y encima asesinos, aquí no hemos llegado a eso por fortuna. Sería como si en el Siglo de Oro, una centuria que el teatro llenaba los corrales de comedias de Londres con la inmensa facundia de Shakespeare, y en Madrid son las mil en horas veinticuatro de Lope, Calderón y la charpa, salieran los que criticaran a la gente que podía pasarse horas encadenando la visión de obras, porque la mitad de la población fuera pobre, estuviera encarcelada por hereje o en las guerras interminables. Los tristes no entienden nada, nada más que su tristeza, y se creen muy hábiles al enmascararla con la exposición de la tristeza de los demás. Para ellos posiblemente se inventó aquello de no confundir la velocidad con el tocino, el no tomar el rábano por las hojas y el que los árboles no les dejen ver el bosque. A los pobres también les gusta el fútbol como les gustaba el teatro, los viejos titiriteros son ahora futbolistas mejor pagados y tienen su misión. Los tristes deberían recordar la anécdota que contaba Antonio Gala de una gitana a la que un ginecólogo le aconsejó cierta operación; la mujer no entendía nada, pero algo la angustió y le contestó al médico: «Doctor, usté hágame lo que me tenga que hasé. Pero no me quite la vena der gusto, que es lo único que tenemos los probes». Más alegría, so tristes.

Gol, risa, aire ( Diario Córdoba - 31/05/2016 )

miércoles, 18 de mayo de 2016

Testosterona universitaria

En algunas tribus africanas, los muchachos, a determinada edad, deben demostrar que son dignos de pertenecer a la tribu y para ello han de cazar un león con lanza. Lo hemos visto en películas buenistas que ensalzan al bon sauvage. El pobre Mufasa no les ha hecho nada, pero así es la cosa. En otros colectivos hay también ritos iniciáticos relacionados con la sangre y los testículos, y en muchas sociedades, grandes y pequeñas, generales y particulares, los cachorros pasan por una suerte de novatadas con objeto de –como en los misterios eleusinos-- iniciarse en el tema que sea, e integrarse. Pues bien, en esa pequeña y gran sociedad que es la universidad ahora está de moda, por parte de cierto sector (más saturado de testosterona que de tolerancia, inteligencia y amor por la libertad) montar un pollo con ocasión de actos autorizados y públicos. Aclaremos, antes de seguir, que la testosterona no es únicamente producida en los testículos sino también en los ovarios, ojo. Dichos sectores, borrachos de testosterona diluida en cráteras colmadas con la verdad absoluta, han impedido conferencias de Rosa Díez en la Complutense, han interferido en actos religiosos, y el otro día la emprendieron contra una conferencia taurina. La autoridad académica, al parecer, consiguió lo que no logró Chamberlain en Múnich, o sea, el imperio de la palabra sobre el de la fuerza, pero con un retraso de más de dos horas, que sufrieron quienes tenían legítimamente el derecho a usarla en tiempo y forma y derecho a escucharla.
En estos casos uno es más partidario de adoptar medidas Churchilianas que Chamberlainianas, es decir, “combatiremos (contra la intolerancia, la fuerza y el nazi-fascismo) en mares y océanos, cada vez con mayor confianza, en las playas, en los campos y en las calles, en las montañas; no nos rendiremos jamás”. Sí, porque a los reventadores profesionales de actos legales, a los borrachos de testosterona y de su verdad que es la verdad, hay que plantarles cara. E indicarles que busquen distinta forma a la algarada si quieren hacer méritos ante su tribu: que vayan a cazar un piojo, a comerse una lechuga, o a cagar a la vía. Por ejemplo.
Testosterona universitaria ( Diario Córdoba - 17/05/2016 )

martes, 10 de mayo de 2016

Sun Tzu, Iglesias y el parchís

La inspiración de cabecera de Pablo Iglesias no debe ser Juego de Tronos, sino el tratado de El Arte de la guerra del chino Sun Tzu. Está muy claro aunque él no sepa aplicar del todo bien la estrategia de este opúsculo del siglo IV antes de Cristo que inspiró a grandes asesinos y genocidas dentro y fuera del campo de batalla, como Napoleón. La filosofía última del tratado es una máxima, rara por lo aparentemente humanitaria, «lo supremo en el arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin darle batalla». No, no es una estupidez, y supone todo lo contrario de lo que se pretende en el ajedrez, pero tiene parte en común con el parchís. Para Sun Tzu es preferible desplegar estrategias de engaño, de propaganda, antes de mover costosos ejércitos. En realidad, el farol es algo que se ha usado siempre en la guerra, recuerdo cómo los guerrilleros hispano-lusitanos comandados por el barón Schepeler hicieron fogatas y arrastraron ramajes por la belmezana Sierra de los Santos haciendo creer a las tropas napoleónicas que había llegado Wellington (que estaba en Extremadura), provocando que los imperiales abandonaran el castillo de Belmez y corrieran como liebres para Córdoba. Y esta y otras estratagemas las utiliza Iglesias, con desigual resultado: atribuyéndose una fuerza que no tiene (las mareas se le rebelan y la cohesión interna no está clara) le vaciló al vanidoso Sánchez, que hubiera caído encantado en la argucia si no es por Díaz y otras baronías; pero ahora sí ha conseguido que se le entregue atado de pies y manos, la carótida dispuesta, Alberto Garzón. Hay muchas, pero dejo aquí estas perlas, y comparen con el patio patrio: «cuando se es capaz de atacar, aparentar incapacidad... inactividad». «Si el enemigo está cerca, hacerle creer que se está lejos; si está lejos, al revés». «Golpear cuando él está desordenado, aguardar cuando está seguro, evitarle cuando es más fuerte». «Si tu oponente es colérico, irritarle. Si es arrogante, fomenta su egoísmo». «Intenta desordenar sus tropas. Si están unidas, siembra la disensión».

Sun Tzu, Iglesias y el parchís ( Diario Córdoba - 10/05/2016 )

martes, 3 de mayo de 2016

Por la G. de Dios

Pues la propuesta no es tan tonta como parece, al contrario, tiene su lógica. Los diputados y diputadas deberían devolver sus emolumentos desde que asumieron sus cargos, ya que ni han gobernado ni han legislado; solo el gobierno en funciones podría mantener la paga, eso sí de nivel bajo, pero creo que ese nivel no debe estar previsto. Lo hemos dicho muchas veces, ellos lo saben, incluso lo prometen cada cuatro años, pero la idea queda en postureo políticamente correcto: hablo de la necesidad, que ya más que necesidad es urgencia, de la reforma radical de la ley electoral y de la inclusión de una segunda vuelta (a las dos o tres semanas) en la que participen los partidos que hubieran alcanzado el porcentaje estipulado, lo que obligaría a todos a acudir de manera clara --y no tapada--, solos o en compañía de otros, a los procesos electorales, y no andarse con componendas chapuceras, imposibles e inviables después del recuento. Las intenciones antes, y claritas. Pero no, aquí es imposible. Da igual quien tenga la mayoría absoluta, porque el ganador siempre cree que lo es por la Gracia de Dios y que es para siempre, o, en cualquier caso, con esos cuatro añillos tienen para ir tirando y el que venga detrás que arree. Luego dicen que decimos de la clase política, pero ya ven, hemos madurado, y excepto Ciudadanos --y encima le han dado hasta en el carnet de identidad-- aquí nadie ha arriesgado ni se la ha jugado; los demás a lo suyo, que es a nada. Y encima le dan la medalla del Trabajo a Méndez y a Fidalgo, en fin, las razones pueden retorcerse lo que quieran, pero va a ser que no.

Por la G. de dios ( Diario Córdoba - 03/05/2016 )