miércoles, 26 de octubre de 2016

Más de diez años imaginando

Hace ya más de diez años que se viene celebrando en nuestra provincia un acontecimiento de carácter internacional que es único y, sin embargo, sigue sin ser --a mi entender-- ni conocido suficientemente ni valorado. Y, sin embargo, se trata de algo que apela a lo más interesante de que dispone el ser humano: el intelecto, la sensibilidad, la creatividad. Cada dos años, en Peñarroya, cuando el otoño octubreño comienza a presentarse vestido con las galas por fin propias de la estación, un puñado genial de creadores, inventores, muñidores del arte en franco desposorio con la palabra y la idea, se dan cita para divertirse y divertirnos mientras piensan y pensamos, para enseñarse y enseñarnos mientras caemos en a cuenta de, mientras nos topamos con, de y con cosas que jamás antes quizás habían ido juntas, o quizás con cosas que antes nadie había imaginado posibles. Son poetas visuales de la provincia, de la región, del país, del extranjero, y hasta locales, que nos muestran y demuestran que la poesía es eso, lo que decían los griegos: creación; y que es visual porque en esta manifestación artística e intelectual, de las más originales que existen, se produce el maridaje perfecto de la imagen con la palabra, con la idea, con el referente y el referido, con lo patente y lo latente, con el contexto y lo descontextualizado, con el significado, el significante, el sentido y los sentidos. Este fin de semana tuvo lugar el VI Encuentro de Poesía Visual que organiza el ayuntamiento peñarriblense a través de su Centro de Poesía Visual (único y referente de documentación en todo el país, con unos fondos originales nacionales e internacionales increíbles) bajo la batuta experta de su director Antonio Monterroso. Además, este año, por fin, se ha aprovechado el antiguo Cerco industrial, cuajado de referencias absolutamente aprovechables para la cuestión, y el viejo Almacén Central sobre el que pivota, como eje vertebrador de la inauguración y parte de sus actividades. El impresionante abanico de artistas que nos han visitado va mereciendo mucha más atención, seguimiento y disfrute por parte de la población que los acoge. 

Más de diez años imaginando ( Diario Córdoba - 25/10/2016 )

viernes, 21 de octubre de 2016

No confundir a Dylan con Dylan

En la Antigüedad se dudaba de que la Tierra fuera redonda. Hoy, hay quien duda de que Bob Dylan sea un poeta y le conceden únicamente el atributo de cantautor. Nadie hablaría de estas cosas si no fuera porque a Bob Dylan le han concedido el Nobel de Literatura, y ya hay gritos en el cielo, vestiduras rasgadas, cilicios y penitencias, azotes en la espalda. Habría que recordar, en primer lugar, que el premio Nobel no es el paradigma de nada, no es el summun del acierto ni una verdad incuestionable, todo el mundo puede opinar y todo el mundo tiene sus razones. Se armó la de Dios cuando el de la Paz se lo dieron a la Unión Europea por haber garantizado la paz durante casi un siglo en un continente dada su inclinación natural a zurrarse hasta la extenuación, y fue criticado porque el común cree que un Nobel es un certificado de beatitud y santidad, y no lo es, se concede por lo que se concede, y punto. Cuestionable han sido el de la Paz a Kissinger y a Obama, el de Literatura a nuestro Jacinto Benavente, y muchos de Literatura a veces a escritores irrelevantes. Bob Dylan es un poeta, un poeta bueno además, un poeta que si no inventó, sí que extendió la llamada poesía urbana (desde mi punto de vista mejorada por Joaquín Sabina y Paul Simon, valgan las comparaciones, es otra opinión). Y un cantautor es un escritor que canta lo que escribe. ¿O no era poesía la literatura de cordel que en la Edad Media se salmodiaba en las plazas de los pueblos de España, Portugal y luego en Brasil? ¿No eran poetas los trovadores que cantaban sus obras? Ellos elevaron el amor, el valor y el honor a categorías literarias, a tópicos de costumbres que aún colean. ¿No era poeta Homero, que recitaba su Ilíada y su Odisea con ciertos instrumentos? ¿No fue inventada la rima romance acompañada de ritmos, precisamente para que el pueblo recordara mejor las obras? Por favor, no les pase a algunos como al hombre de la canción de Paul Simon Una simple filípica incoherente, que confundía a Bob Dylan con Dylan Thomas (ambos poetas de sus tiempos pero diferentes en sus intenciones), lo que le hace decir a Paul Simon que, por confundirlos, «ese hombre no tiene cultura». 

No confundir a Dylan con Dylan ( Diario Córdoba - 19/10/2016 )

sábado, 15 de octubre de 2016

De Molowny a Mudito

De los siete enanitos de Blancanieves, me quedo con Mudito. Gruñón no nos caía bien, Dormilón nos aburría, Feliz era empalagoso, Tímido nos ponía nerviosos con su inseguridad, Mocoso no estaba mal, aun resfriado y un poco hipocondríaco, y Sabio era como el búho bueno de los demás cuentos. Pero Mudito era otra cosa, espabilado pero sin molestar, algo inocente sin ser un indocumentado. Y ahora se nos aparece un Mudito en el PSOE con sentido común, aplomo y responsabilidad, transmutado en un ciudadano llamado Javier Fernández del que nadie, desde fuera, sabíamos nada. Tiene Javier Fernández dos cosas que podrían hacer de él un magnífico líder de la socialdemocracia española. Bueno, dos no, tres o cuatro. En primer lugar la facha, un aspecto de fiar con esa nariz que busca lo aguileño de sus riscos asturianos y un cabello y un conjunto físico que --aunque más robusto-- nos recuerda a aquel Adolfo Suárez. Parecerse a aquel Adolfo Suárez en estos tiempos, aunque sólo sea en la pinta, ya es un plus. Luego, este hombre con pinta de tío legal, poco dado a pamplinas y serio, al que precisamente en Asturias llaman El Mudo (El Mudu, en bable) porque es poco dado a la verborrea inútil, no necesita a la política para vivir y está lejos de eso que la RAE describe como «deseo ardiente de conseguir algo, especialmente poder, riquezas, dignidades o fama», es decir, ambición. Si a ello sumamos que, como ingeniero de minas, conoce el subsuelo del mundo y de quienes lo pisan, ya solo nos queda la cuarta virtud, es de esos tipos del que siempre se echa mano para que nos salve el equipo cuando no hay ningún profesional famoso y caro que pueda hacerlo. En eso recuerda mucho este Mudito Fernández a aquel Luis Molowny del Real Madrid, al que ponían de entrenador cuando no había otro y encima no solo no lo hacía mal sino que salvaba los muebles con dignidad. Uno se pregunta por qué tiene que haber profesionales de la política cuando hay buenos secundarios, gente de reparto como Fernández. Para qué Dormilones como Rajoy, Felices como Susana Díaz, Gruñones como Pablo Iglesias o Pedro Sánchez, habiendo Muditos sensatos como Javier Fernández.

De Molowny a Mudito ( Diario Córdoba - 11/10/2016 )

martes, 4 de octubre de 2016

Del sintoísmo al Gran Manitú

La política es como un toro, según el mayor filósofo del siglo XX, Jesulín de Ubrique, junto con Forrest Gump y su caja de bombones. Pero me parece que esto ya lo he escrito aquí hace poco, así que voy a ir al neurólogo, y eso a pesar de mi jalea real y mi Dememory, pero ya ven, también Adolfo Suárez era adicto a la jalea y a la frugalidad de la tortillita francesa y al final le visitó ese médico alemán de nombre raro que nos tiene la cabeza loca, como en el chiste. Establecido que la política es como un toro o una caja de bombones, hemos de establecer, asimismo, que los políticos no abandonan el escaño por responsabilidad, incluso cuando la patada en el culo, la carta del juez o el informe de la UDEF les despierta de la erótica. Veamos un silogismo: Rita no deja el escaño por la misma responsabilidad que anima a Pedro a no dejar el suyo, enorme responsabilidad seguida de ceros mensuales bien asegurados; pero no, no seamos injustos, ni los casos ni los motivos son iguales, solo la decisión, porque las decisiones nos igualan a todos, como la muerte en las Coplas a la muerte de su padre, el padre de Jorge Manrique, aclaro. No vamos a entrar en el feo detalle de analizar los acontecimientos de este fin de semana, que ya hay tertulianos que lo saben todo, como de fútbol. Tampoco en el feo detalle de que los que se quejan de que la izquierda anda siempre enredando con la guerra civil, ahora rebusquen en la guerra civil pasados enfrentamientos internos en el PSOE, porque tampoco es lo mismo ni son los mismos los motivos ni las consecuencias. La política es como un toro, no sabes nunca si al abstenerte quieres decir que apoyas; aunque asegures que palabrita del Niño Jesús que lo que querías eras abstenerte simplemente sin mirar las consecuencias, ni los orígenes. El origen es algo peliagudo, en el origen está el Verbo, como en la Biblia, el verbo pactar con Pablo y los malos que van a romper España. Un pacto ya hecho, al parecer, hasta que los espíritus de los venerables antepasados se han enterado y se aparecen en carne mortal de noche en las tertulias. Sobre esto el Sintoísmo nipón podría aclarar mucho las cosas. Y el Gran Manitú. 

Del Sintoísmo al Gran Manitú ( Diario Córdoba - 04/10/2016 )

Detrás de la puerta

El retorno, la vuelta, el reingreso, el comienzo, la rentrée, esta puerta incierta que nos abre cada año el otoño, aquel sol de la infancia y aquellos días azules como dejó escrito Machado en un papel adormilado en el bolsillo de su chaqueta de muerto, es como un toro –como también dejó escrito en letras de sangre Jesulín de Ubrique--, y es también como un bombón –según el mejor filósofo del siglo XX, Forrest Gump--, o sea que el retorno, la vuelta, el reingreso, el comienzo, la rentrée, esa puerta incierta que nos abre cada año el otoño, no sabe ni Dios lo que te va a traer. Los hay que se agobian mucho con lo que llaman síndrome post vacacional, pero yo no conozco a nadie que haya tenido nunca ese síndrome; una vez lejos el tópico de la parcela y el de los cuñados (que son eso, tópicos, porque son encantadores), tópico elevado a obra de arte en las viñetas de este periódico y en el Facebook de Rafael González García, ya lejos la insidiosa arena, el mareo del crucero, las gastroenteritis, el extraño aburrimiento de los niños, y lejos los días largos donde todos alrededor parecen ir a su bola menos tú, lejos esos días que nunca acaban y que cuando por fin te dejan ver una peli o abrir un libro, o simplemente cuando por fin nadie te habla ni te pregunta, y te dispones a disfrutar del silencio, de la soledad sonora de San Juan de la Cruz y de Antonio Gala para desportillarte en el sillón con tu soledad elegida y necesaria como el aire que exigimos trece veces por minuto --según era de necesaria la poesía para Gabriel Celaya-- entonces, digo, ya no te da tiempo ni de dar la vuelta a tres páginas antes de la primera cabezada. El síndrome post vacacional es un invento de psicólogos y periodistas para llenar páginas y consultas, como las serpientes de verano, el retorno de los niños al cole –días y días en los telediarios la insoportable monserga, como si el hombre llegara a un nuevo planeta cada 15 de septiembre--. Es la puerta del otoño, por la que asoma un futuro difuminado, un panorama de risa, el ruedo ibérico valle-inclanesco de un país envilecido, encanallado, paridor industrial de monipodios.

Detrás de la puerta ( Diario Córdoba - 29/09/2016 )