domingo, 20 de agosto de 2017

Por fin esta tarde

POR FIN ESTA TARDE

Me vestí de tu risa porque entonces yo reía mi terror con tu risa. Ensayé capisayos y borlas, escarpines, cascabeles; me adorné con mentiras y escancié mi orgullo en cráteras de acíbar por saberte mi dogal. Amanecimos escarcha tras noches de lenguas agostadas, el fuego apagado entre las sábanas y rubíes como ojos. Me supe, me sabía veleta al soplo de tu soplo, giré adonde mirabas e imaginé tus pensamientos. Me vestí de tu risa por miedo de soledades y silencio, y por eso quise ruido, quise ventisca, quise sudor en la batalla, quise incendios, quise querer y dominio, y quise... no sé qué quise cuando cerraste la puerta y aullé en la ventana. Y hoy, de nuevo, me visto de otras risas, me visto desnudez, me quito capisayos y borlas, me lo quito todo, me descalzo de sandalias y me adorno de verdades tragándome el recuerdo de saberte mi olvido. Amanezco en la calle, en la calle que es de todos, en tarde de fiesta, bajo imposibles arcoíris de verano, sin ventisca ni escarcha ni incendio ni dominios, ni más demonios que la risa, esta vez mi risa, mi orgullo, mi tarde, mi fuego, mi soplo. No sé si mi aullido, no sé si nuestras risas, las de todos. Por fin esta tarde, la mía.

#AmoresDeVerano

sábado, 5 de agosto de 2017

Devolución

DEVOLUCIÓN

Al viejo le dieron la papela para el trullo y nunca más volvió. La palmó de presunto, en espera de juicio, y me lo dejó todo. Nunca creí que matara a la mucama, por qué iba a hacerlo si estaba enrollado con ella; y como el cuerpo del delito no aparecía, sólo era cuestión de tiempo que lo soltaran, aunque en la vista el fiscal se empeñó en aclarar que en este país te pueden empapelar sin pruebas, siempre que haya indicios razonables de criminalidad, creo que dijo. Pero al final el viejo la dobló, estiró la pata de un infarto en la celda, y la espichó llamándola (curioso).
Tomé posesión de su casa al borde de un suave acantilado semanas después. Sus cosas, los artesonados en madera que tanto me gustaban, su mecedora, la pesca. Fue una tarde, el mar quieto de la madrugada despedía bajo el pontón el vapor matutino del otoño, mi barca se mecía en la quietud del silencio sobre las rocas sumergidas. El anzuelo tropezó con algo. Según dicen, el mar siempre devuelve lo que no es suyo.

#UnMarDeHistorias

viernes, 4 de agosto de 2017

Manual de instrucciones

MANUAL DE INSTRUCCIONES

Llega la pareja y se instala a unos metros. Él gasta jeta de algo así como de intelectual, o al menos de tipo que va de interesante, gafas de sol de pasta, posiblemente de marca, pelo largo a lo Al Bano en sus buenos tiempos pero más ondulado. Sí, es él, no lo dudo, Lupiáñez Sosa, alias El lindo don Diego, alias Al Bano, de todas formas saco de mi mochila el correo electrónico y vuelvo a ver la foto, confirmo, la arrugo, la hago pedacitos y me la voy comiendo pasándolo con patatas fritas y una lata de cerveza. Facha interesante el fulano, si no fuera... no sé, hay algo..., las medidas. La distancia entre el filo de las perneras del bañador y las rodillas no es la adecuada. No soy un histérico en cuanto a trajes de baño, pero algo me chirría en ese encuadre, en esa matemática que debe ser precisa a la hora de mostrar más muslo sobre la articulación. Y, encima, el bañador es blanco, error, nadie en sus cabales se pone un bañador blanco, transparenta mucho y se ve la redecilla cuando se moja. Y el culo.
Está muy serio. Su pareja, bastante buen tipo, buenas curvas, se quita el top mientras le pasa la sombrilla, minúscula, para que se la clave donde pueda o sepa, la sombrilla. Vero Perea, alias Wanda la perversa, alias Yogur. Él mira la sombrilla con fastidio, le da la vuelta y se decide a la engorrosa tarea de sujetarla en la arena. Sopla viento fuerte, hay bandera amarilla, mar picado. Agarra la sombrilla y, con dificultad, consigue abrirla a sotavento, es decir, a favor de la dirección de la fuerte brisa, error, la sombrilla se le vuelve para atrás como un paraguas en tarde de tempestad. La mujer se levanta y le ayuda a enderezarla, el tío está corrido de ver que le observan, lo guay hubiera sido achicharrarse al sol en vicio solitario o en compañía de otros, esto es cosa de domingueros, de familia, no de un tipo con gafas de sol de pasta de marca, aunque ese bañador blanco, etcétera.
Entre los dos consiguen darle la vuelta al artilugio, error, porque a barlovento la cosa es peor, la brisa, digo, es fuerte, y al final las varillas no resisten y se dobla por un lado. La mujer se rinde y se va a enseñarle las tetas a Neptuno. Al Bano, ya puestos, y como si hay que ir se va, decide llegar hasta el final del trabajo hercúleo: así que ahora decide que es mejor empezar por cerrar la sombrilla, clava la otra parte del mástil y luego encaja el otro. Una vez en casi perfecta vertical, intenta abrirla: error, la brisa es fuerte, etcétera, y en el último y supremo esfuerzo, se abre de golpe y le da en la cara tirándole las gafas. El tipo las recoge rápido y se las coloca soplando en los cristales mientras intenta aguantar con la otra mano que no se le vuele.
Su pareja ya vuelve de que Poseidón la haya acariciado toda y de que la espuma le alivie el ardor del mediodía, mira el espectáculo en sus últimas secuencias, asiente sin que el público sepa por qué y le indica algo al Belmondo de playa. El chico, entonces, apabullado sin duda por la superioridad de la intuición femenina, pone la sombrilla en horizontal sobre la arena, sin clavarla ya, la abre de nuevo con dificultad por causa de la fuerte brisa de poniente, etcétera, y así la deja, horizontal y ligeramente en la arena, sobreelevada por la característica forma de su paraguas abierto. La sombrilla proyecta, literalmente, eso, sólo una sombrilla, una sombra exigua porque el sol se ha instalado en el cénit, de donde parece no querer apearse en las próximas horas. Entonces, error, levanta su toalla e intenta extenderla pero no da con la posición correcta, por lo que, una y otra vez, la toalla se vuelve contra él como el escupitajo que un marinero poco hábil lanzase por la borda del barco a barlovento. La toalla no obedece porque el tipo de las gafas de pasta, etcétera, y del bañador blanco, etcétera, desconoce absolutamente que, al menos en el hemisferio boreal, el viento suele soplar, cuando uno está en la playa, desde la posición en que se encuentra el sol, y más cuando hay poniente. El tipo desconoce si en el hemisferio austral el viento soplaría al revés, pero aquí la toalla se pone a ondear loca como una bandera.
Terminado el show, el respetable no se pone de pie a aplaudir explícitamente, pero la ovación resuena en todas las miradas.
Al tipo se le han caído las gafas de sol de pasta de marca sobre la arena y, con un gesto displicente pero decidido, las arroja al bolso que está sujetando de cualquier manera la precaria horizontalidad de la sombrilla contra el viento. Error, porque no acierta el enceste y las gafas vuelven a caer sobre la arena con esa vocación que poseen las gafas caras de romperse o rayarse, sobre todo si hace un viento de fuerza en kilopondios superior al peso en gramos del objeto lanzado. En ese momento, Vero, alias Wanda la perversa, alias Yogur, se cree en la obligación de tenderse encima de Lupiáñez Al Bano Sosa, pecho contra espalda, bocadillo entre la toalla indómita y las tetas puntiagudas que se desparraman a derecha e izquierda.
No me es preciso sacar la pipa con silenciador porque me lo han puesto a huevo, con un golpe seco les dejo la sombrilla instalada para siempre en una verticalidad envidiable, el trasto ese queda perfectamente erguido y sujeto atravesada entre sus intercostales mientras el palo apenas les deja esbozar un estertor como de ranas clavadas en un espeto malagueño. La gente huye en desbandada, lo que aprovecho para cerrar los ojos e intentar dormir.
Eso sí, por fin la toalla queda sujeta a la arena sin problema.

#UnMarDeHistorias

Torres gemelas

TORRES GEMELAS

Arranca la avioneta y despega enseguida. Oportunidades así no deben desperdiciarse, piensa, mientras mira por el retrovisor cómo se despliega en el arrastre la pancarta publicitaria, "Danubio Azul, tu puticlub en la costa". Porque pagan bien los capos del este por esa publicidad aérea dando pasadas a doscientos pies de altura, playa arriba playa abajo. Ronronea el monomotor, y no puede evitar que el regusto amargo de la última discusión y el adiós definitivo bajo su sombrilla la tarde anterior se le instale en algún lugar muy adentro. El mar estaba en calma y marrón como casi siempre.
Allá abajo los veraneantes se atorran bajo el sol, algunos niños saludan a la avioneta, la arena es una besana de cromo, un campo de champiñones de colores. El sol le deslumbra y se coloca sus Ray—Ban Welfare, entonces mira y distingue la sombrilla de ella en las coordenadas de siempre según el localizador de a bordo, pero es que además la reconocería entre un millón: amarilla con un círculo negro en la zona alta junto a la punta del mástil, como el puto culo de una avispa mostrándole su aguijón de mierda. Encima recochineo.
Cree verla allí, la reconoce; al fin y al cabo doscientos pies de altura no son tantos, y comprueba que al lado, muy junto a la rosa de ella, hay otra toalla azul, él típico color que eligen los gilipollas para las toallas.
—La tuya rosa, la mía azul, muñeca, jajaja, como si fuéramos niños —imagina la conversación.
—Si no fuera por esto que tú sabes que ya no es de tan niño, jijiji —lo imagina riendo, al muy imbécil, mientras se agarra el paquete.
A un par de metros de las dos toallas, la azul y la rosa, la de ella y la del memo, en dirección al agua, aprecia un par de torres de arena que algún crío habrá levantado con su cubo para hacer un castillito. Se ciega. Se acuerda de aquellos moros, los muy hijos de puta, cabrones asesinos, los del 11—S, los que enfilaron el avión contra las torres gemelas.
Con un par de huevos los moros. Y pone la mano en la palanca.

#UnMarDeHistorias

Cena

CENA

El emperador ha engordado. Desde que los ingleses no le permiten montar a caballo, por fastidiar, se ha hecho construir una especie de montura de madera sobre la que imagina que cabalga. Más allá, el mar rompe contra los acantilados, cuajados de casacas rojas escrutando el horizonte por si acaso, de la isla de Santa Elena.
Bonaparte suele volver a su palacete prisión de Longwood House cuando el atardecer estrella sus últimos rayos contra el Atlántico. Va escoltado por el pelotón de cangrejos armados que son su sombra.
Esa tarde del otoño austral de 1821 el emperador cena con sus verdugos más conspicuos: el gobernador Hudson Lowe y el conde Charles de Montholon, cancerbero alimentado por el rencor del nuevo monarca Louis XVIII. Al terminar la comida, el emperador se muestra inquieto, quejoso, insatisfecho. Sus hipócritas carceleros, invitados como cuervos al festín interminable de su extinción, se interesan por su malestar con un extraño brillo en los ojos. Él les sostiene la mirada y les dice:

—No es nada. Sólo decidle a mi cocinero que la próxima vez no olvide vuestro arsénico. Ya me había acostumbrado.

#UnMarDeHistorias

jueves, 3 de agosto de 2017

El final de los inviernos (relato)

EL FINAL DE LOS INVIERNOS

—Todos los inviernos acaban algún día —dijo mirando el mar por la ventana del refugio.
La tarde se hacía insoportable de viento helado y llovizna, las olas subían y bajaban a lo lejos como un carrusel.
—Tres meses aún, por lo menos.
     —Qué os pasa, disfrutad el momento —dijo Paco el Realista, porque era de la Real Sociedad—. En tres meses estaremos fuera. Para cuando esté medio descompuesto, ya no nos encuentran.

#UnMarDeHistorias

martes, 13 de junio de 2017

Elogio del mes noble

Junio, el mes más noble del año, nombre de la esposa de Júpiter, Juno, protectora de maternidades, de compromisos, del Estado; la reina de todas las diosas. Junio resume el arcano de los niños aprendiendo la maravilla y el espanto de pasar, en pocos días, del misterio de la curiosidad y el conocimiento --acribillado por las necesarias pruebas que los mayores nos iban poniendo en el camino de la formación-- al dulce hacer nada de los despertares retrasados, de los juegos en la calle, de las bicis inmemoriales, de los atardeceres lánguidos y lentos, acaso pecaminosos y estimulantes, y de los anocheceres antiguos de mecedoras en la puerta al juego de las cuatro esquinas bajo la luz amarillenta de una bombilla, cuando las bombillas eran incandescentes y blanco de tirachinas. Junio, reina de aquella tríada capitolina de los líos amorosos y las sicalípticas pasiones de los dioses, así como en nuestros aconteceres el calor apetecible del verano encendió pasiones y parecidos líos. Protectora de la maternidad, y qué mayor maternidad que la que alumbra el el esfuerzo que cultiva las mentes, los espíritus y los cuerpos, de tal manera que hasta a la universidad se la llama alma mater, pues madre y con dolor es quien pare hombres y mujeres diferenciados de las bestias por la capacidad desarrollada del intelecto. Protectora de los compromisos, que tantas veces se anudaron en junio y se rompieron en agosto ante la sonrisa impasible de la diosa. Inspiradora del Estado, precisamente en una época en la que el Estado busca imperiosamente --como los meandros de un río-- abocarse a los días soñolientos de las semanas inhábiles. Era junio ese mirar por la ventana de la clase y ver los campos amarillear bajo el sol inmisericorde, el sol que reseca la tierra pero vivifica el espíritu de los niños que ya apuntan maneras de andaluces sabios, escépticos y distantes de cuanto muestra la contradicción engañosa de las evidencias que no lo son tanto. Junio para --ya mayores-- transitar el espacio de las aulas vacías aspirando el aroma irrepetible de las maderas, los lápices y las gomas de borrar. Y escuchar en el silencio el bullicio de nuestra niñez.

http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/elogio-mes-noble_1152935.html

Los niños devorados

El opio, el de verdad, llega en mayo y en junio, cuando el espectáculo de los gladiadores termina y el pueblo desde las gradas conoce por fin el designio: pulgar hacia arriba, pulgar hacia abajo. En la arena los gladiadores levantan las cráteras, las copas de sus campeonatos, y el pueblo, emocionado, prorrumpimos en aplausos en el estadio o frente a la pantalla plana. Todo el preámbulo de meses no es sino la lucha necesaria por la selección natural en busca de ese santo Grial revestido en dorado que una vez nos espantó ver cómo Sergius Ramus dejó caer al suelo. Hemos disfrutado con el espectáculo de los blancos venciendo y convenciendo y levantando la última, la «doceava», como diría Javier Solana, contra tipos malencarados y bastante chulos como solo en la vieja bota del sur de Europa saben serlo. Pero, además, este año el espectáculo ha trascendido lo meramente deportivo y se ha transformado en desfile de personas y personajes aptos para el papel couché de la prensa del corazón y los bajos instintos. Así, nunca habíamos visto tantas novias, mujeres, hijos, parientes, cuñados, en el rectángulo verde acompañando a los triunfadores. Niños haciéndose la foto con la copa sobre la cabeza, niños dentro de la copa como un Saturno devorando a sus hijos; modelos de la mano de los semidioses jaleados por los acólitos, y, además --otra novedad-- los héroes tapándose la boca cuando hablaban. No me digan que no se aprende de estas cosas. Los hay que reniegan del espectáculo del fútbol como cosa soez, baja e inútil, pero uno, siempre aprende cosas viéndolo, este año, por ejemplo, lo horteras (u orteras) que son la mayoría de los héroes en la exhibición de sus chonis y churumbeles, y que han aprendido a hablar tapándose la boca para que los mil ojos del Gran Hermano no les cojan al descuido palabras inconvenientes. Toda una lección de modernidad, de fatuidad, de globalización, de espectáculo de playa. Quizás por eso el origen esté en la palabra provenzal «deport» (pasatiempo, ocio), y por eso el sabio Santiago Bernabéu siempre tuvo claro que esto era un espectáculo que debían jugar siempre los mejores. Aunque salgan caros.

http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/ninos-devorados_1151363.html

martes, 23 de mayo de 2017

Una sola cara larga

Había menos que caras largas, porque en realidad había una sola cara larga, la de Susana Díaz. Se veía venir, a mi entender, por dos cuestiones: el tono y la forma de la presidenta. Veamos. En mis tiempos universitarios en la Transición recibíamos en el Colegio Mayor de la Asunción a multitud de conferenciantes de los temas más variopintos; entre ellos el representante de una asesoría a partidos políticos. De lo que recuerdo, aquel buen señor habló de la razón de la debacle de Coalición Democrática (ex Alianza Popular) en la campaña de 1979, pero que podría valer para cualquier otro partido y fecha. Se refirió a la incorrecta elección de su mensaje electoral: el eslogan rezaba «Porque las cosas no están centradas», en alusión sibilina a la Unión de Centro Democrático de Adolfo Suárez. El especialista decía el eslogan estuvo muy mal elegido porque un mensaje nunca debiera incidir en lo negativo, y que mejor hubiera sido algo así como «Vamos a centrar las cosas», más o menos. Pues, según esto, Susana Díaz ha cometido el error de atacar a Pedro Sánchez llamándole perdedor, a la vez que se llamaba a sí misma triunfadora diciendo que le gustaba ganar y que siempre ganaba. Si al mensaje negativo hacia el contrincante unimos un tono excesivamente andaluz con inflexiones de voz exageradamente felipistas que no han caído bien fuera de nuestra región, pudiera ser que en ello se haya basado buena parte del fracaso susanista, aunque no todo, imagino. Pero lo realmente sorprendente es que los socialistas del resto de España hayan comprado el propósito de un Sánchez que supervalora el hecho diferencial catalán (o lo que sea eso), lo que supone, por ende, infravalorarnos a todos los demás, y no el de iguladad propugnado por Susana Díaz. Y ahí reside la mayor perplejidad de muchos, cómo es posible dar el triunfo a un candidato que no integra sino que disgrega la nación, que potencia el complejo de superioridad de algunos, y que además sintoniza con un radicalismo que, a la vista está, ha tocado techo en la marca registrada de Podemos. Pero, para contestar, quizás tendríamos que ser un especialista como aquel que nos habló hace tanto.

http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/sola-cara-larga_1148321.html

martes, 16 de mayo de 2017

Tiempos de pareidolia

Se denomina pareidolia a un fenómeno de tipo psicológico que consiste en ver caras o figuras de animales u objetos conocidos cuando miramos la forma de las nubes. Dicen los expertos que ello se debe a que el cerebro humano trata siempre de dar sentido, un sentido lógico y ordenado, a lo que percibimos. Ocurre no solo con las nubes. Si, por ejemplo, un profesor dibuja en la pizarra una línea curva y redonda que no se cierre, es decir, cuyos extremos queden abiertos, y pregunta a los alumnos qué es lo que ha dibujado, le responderán casi seguramente que eso es una circunferencia; y no lo es puesto que no se cierra, pero sus cerebros tratarán de dar un nombre lógico y conocido a algo que no es lo que parece. Y si uno muestra una foto antigua, en papel, en la que se vea un paisaje nevado, donde la nieve seguramente habrá adquirido un tinte azulado, el espectador dirá que la ve blanca, aunque en la foto no tenga ese color. La pareidolia se ha extendido al mundo político de manera implacable. En estos días se han llenado las redes sociales de ataques a los políticos en general y al PP en particular con comentarios relativos a la corrupción, haciendo pagar a justos por pecadores y tomando el todo por la parte podrida, en una especie de metonimia, esa precisa sinécdoque que el vulgo la explica maravillosamente mediante aquello de tomar el rábano por las hojas. Y ahora le toca a José Antonio Nieto, una verdadera pena. Nadie en su sano juicio pondría hoy la mano en el fuego por nadie, pero es difícil ver en Nieto a un prevaricador. Lo malo es que se ha instalado, con razón, en la ciudadanía esa pareidolia que hace ver como corruptos, prevaricadores, nepotes, enchufistas, ventajistas, sobre-cogedores y demás variedades del cervantino patio de Monipodio a cualquiera que es señalado por cualquiera, sobre todo si el señalador ya está marcado, destrozándose con ello la base de la justicia que es la presunción de inocencia. Muchos gifs recorren las redes, en uno de ellos alguien busca en una biblioteca el libro El político honrado y lo envían a la sección de Ciencia Ficción: la pareidolia ha venido para quedarse. Mucho tiempo.

http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/tiempos-pareidolia_1142148.html

España es un coche

Como llevamos dicho muchas veces, y Jesulín de Ubrique fue el primero en decirlo, la vida es como un toro. La vida y, por supuesto y con más razón, España. Pues ahora vamos cayendo en la cuenta de que España es cada vez menos un toro (los datos de asistencia al espectáculo taurino caen en picado) y más un coche. En los nuevos episodios nacionales siempre hay un coche por medio. Hay coches famosos y coches que no tienen fama pero que son igualmente importantes en nuestra historia. Entre los famosos, el Dodge Dart de Carrero Blanco, que para tantos chistes ha dado antes y ahora; chistes que antes se contaban con picardía e ironía en los bares mientras la gente se reía con un sonido gutural arrastrado y apenas perceptible, y que ahora se ponen en las redes sociales con maldad, mala sombra y odio zulú por gente mayormente del Partido Rencoroso. Sin necesidad de retrotraerse a los coches y carruajes donde sufrieron sus respectivos atentados Eduardo Dato, Prim, Calvo Sotelo, Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg y otros personajes que hoy son sólo nombres de calles, el coche y sus derivados también marcan ahora la diferencia del día a día del telediario. Cristina de Borbón y Urdangarín pasearon ante los flashes del papel couché su amor culpable trufado de juzgados e inopias en un Golf VR6 verdoso de engañoso aspecto clase media. Pedro Sánchez se montó una gira militante para pasear su cabreo por las hispanas tierras en un Peugeot o un Opel Corsa (no recuerdo) proletarios, vehículos poco adecuados a sus piernas de baloncestista. Al rey emérito le hicieron en Francia un Citroën de medida especial para su estatura, como hicieron con el Citroën Tiburón en el que paseaba la grandeur De Gaulle. Felipe VI suele aparecer en los desfiles subido a un Rolls, y Franco se dejaba ver (cosa complicada) en sucesivos modelos alemanes, ingleses, norteamericanos y hasta españoles como Barreiros; ante tanto glamour contrasta la mediocridad del monovolumen donde Évole entrevistó a Albert Rivera y Pablo Iglesias. Y ahora Iglesias se nos descuelga, micrófono en mano, en un autobús directamente proporcional a su ego. Coches veredes.

http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/espana-es-coche_1140248.html

Sísifo como destino

Córdoba soporta la maldición de las evidencias. Condenada, como Sísifo, a subir la pesada piedra de sus proyectos una y otra vez por la ladera de la inoperancia y la mala suerte, hasta que, a punto de llegar a la cumbre del éxito, la mole rocosa de los sueños vuelve a hundirse en el valle del olvido, Córdoba, lejana y sola, hace números. Y los números no le salen ni las cuentas le cuadran. Situada en la mejor encrucijada de Andalucía, aparte de la de Antequera, todos los caminos, de asfalto y de hierro, pasan por Córdoba, pero gobierno tras gobierno le ningunean los números, las cifras de la inversión que como maná necesita, y la aherrojan al destino de la cuenta de la vieja para parchear, como de costumbre. No se entiende que no despeguemos. No se entiende que estando donde estamos aún el norte de la provincia sea un desconocido, que el tren vuele en algunas partes pero que la línea de Almorchón siga siendo un escollo. No se entiende que siendo un centro de gravedad permanente, la mejor parada del Poney Express nacional, el abrevadero de los mejores correos del zar, estemos condenados a esa especie de castigo de Sísifo de estar permanentemente alcanzando, sin rozar, la cumbre de la meta, de la meta de algo, por el amor de Dios. Volado que hubo la capitalidad, al menos ya tenemos segunda puerta y una carrera que pone de acuerdo a todos o a la mayoría, que eso nunca se sabe. Las letras gordas de la primera página del periódico oscilan, por días, entre la piedra de Sísifo y la excelencia del Parnaso, del completo en las plazas hoteleras a la casi nula inversión del estado, del repunte en la adquisición de viviendas a la caricia eterna y acaso masoquista del descenso de los blanquiverdes. Más le valiera a Córdoba hablar catalán, oigo en alguna esquina, desenterrar califatos con activistas en plan borde en vez del marchamo de la convivencia y la cultura, a ver si así alguien hace caso. Sísifo, aparte de por su famoso castigo, fue conocido por su astucia, una astucia con la que se la daba con queso una y otra vez a las deidades del Hades, del inframundo. Habrá que dejarse de buenismos, tirar de astucia y dar tralla.

http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/sisifo-destino_1138830.html

miércoles, 5 de abril de 2017

A mí la Legión

No nos llega la camisa al cuerpo pensando que íbamos a tener que ir a la guerra por Gibraltar. El ministro de defensa británico, Fallon (juro que se llama así, como aumentativo de lo que se le supone debe tener una fuerza de choque. A mí la Legión) lo ha dicho clarito; también, más o menos, el ministro de Exteriores, Boris Johnson; y, sobre todo, el ex líder conservador Lord Michael Howard. «Ardor guerrero vibre en nuestras voces...», dice el himno del cuerpo de Infantería español; he buscado en Google la letra del himno de infantería inglés pero no viene, a lo mejor es que no tienen, como tampoco tiene Inglaterra Constitución escrita, gramática ni Real Academia de la Lengua, y por eso nos copian el himno: «ardor guerrero vibre en nuestras voces...». Están gagás. Más le valdría a Inglaterra y a sus barandas pasados y presentes dejar un rato la ginebra y portarse como Dios manda, como, se supone, aliados (si alguna vez lo fueron), como europeos (hasta ayer), como gente civilizada (de lo que presumen), como socios. Son racistas, eso lo llevan en la masa de la sangre, y Howard ha quedado en evidencia al sacar a la luz la guerra de las Malvinas contra «otro país de habla hispana», equiparando una dictadura con una democracia, un acto de ocupación con una realidad anacrónica, una respuesta imperial con una bravuconada de abuelo Cebolleta ávido de batallitas. No nos llega la camisa al cuerpo, don Howard, como a sus ancestros cuando veían aparecer la escuadra de Blas de Lezo por Cartagena de Indias y sitios así hace trescientos años. Gibraltar, o Yibrolta en su transcripción del británico, tendrá que caer, con Task Force o sin Task Force, cuando en España haya políticos y un gobierno con categoría, y no será por la fuerza de las armas, sino de la ley. Cuando esos futuros (si existen) líderes políticos españoles, a través de la hasta ahora somnolienta Europa, le apliquen a la Corona Británica lo único que la decencia puede esgrimir de manera victoriosa contra los mafiosos: la ley, concretamente la ley fiscal. Como a Al Capone, a Noriega o a Maduro. No hay malhechor que resista a un agente tributario husmeando en las cuentas.

http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/legion_1136947.html

miércoles, 29 de marzo de 2017

Tant pis !

Había allí tipos y tipas peinando canas, elegantes, sonriendo como solo saben hacer en el espacio comprendido entre el río Oder y el Bidasoa por la parte norte de la isla de los Faisanes, o sea, para adentro. Me había invitado el entonces cónsul de Francia, Marcel Guinot (como en Casablanca, la consolidación de una gran amistad), era finales de enero de 2003 y en Sevilla lloviznaba. En el salón del Real Alcázar de Sevilla brindaban con espumoso Marcel Guinot, Alfredo S. Monteseirín, Zarrías, y el cónsul alemán. Nos regalaron un álbum de fotos históricas de lo que conmemorábamos, el 40 Aniversario del Tratado del Elíseo. Han pasado catorce años y Europa parece reventar las costuras que con dificultad se remendaron, tras las guerras mundiales, en tratados decisivos como el de Roma y el del Elíseo en los años cincuenta y sesenta. Ahora Europa, tras arrojar el lastre británico, se volverá a cimentar; Europa, como todo lo humano, tropieza dos veces en la misma piedra, en este caso Gran Bretaña, altiva siempre como para querer brindar con champán habiendo ginebra. El otro día veintisiete mandatarios europeos eran recibidos por el Papa en la Capilla Sixtina recordando el 60 aniversario del Tratado de Roma. Se desprende de la foto la magia de un aura inconsciente cayendo sobre ese grupo de irresponsables mediocres. No hay más que verlos para saber que ninguno es digno sucesor de Jean Monnet, de Konrad Adenauer, de Robert Schuman. El aura es el espíritu de la unidad irrevocable que cada año sellan los jóvenes europeos a través de intercambios, amistades, amores, algo que el atajo de altos funcionarios que pastan en Bruselas y Estrasburgo no saben ver en su real envergadura. No es la inmigración, ni la asimilación de otras etnias, ni las crisis económicas lo que pone en peligro a Europa; el peligro viene de la catadura de la mayoría de sus representantes, por cuanto los partidos suelen enviar allí a quienes les sobran por no haber alcanzado un puesto en otros parlamentos, sin más mérito ni conocimiento. Pero las sinergias desatadas por una Europa eterna son ya irreversibles; por eso, como dicen en Francia, tant pis! (no importa).

martes, 14 de marzo de 2017

La isla de los olvidados

Lo malo de que se nos mueran no es que con su muerte nos acerquen más a la nuestra, ni que nos dejen sin referentes, sino que nos introducen a la fuerza en ese territorio de sombras en el que ya no reconocemos a nadie. A muchos nos ha pasado en estas fiestas, según hemos comentado en las redes sociales. Hablábamos de que no conocíamos a nadie en estas teles cortadas por el mismo patrón. Entre tanta barba y bigote grunge, entre tanto músculo reventando las costuras de los trajes estrechos, entre tanto bellezón masculino y femenino de maquillajes y modas heterogéneas, no reconocíamos a nadie. También tiene culpa de ello el que a muchos ya no nos interesan estas teles sin contenido y de concursos absurdos, de cotilleos, de ruido, de mucho ruido, de muchísimo ruido y poquísimas nueces. No vemos tele, tampoco nos enganchan esas (llamémosles películas) que en la sobremesa nos muestran actores y actrices mimetizados en sus gestos y poses, historias espejo de sí mismas y de otras muchas siempre con el mismo argumento de enfermedades terminales, de hijos rebeldes o de amores otoñales. Se nos muere nuestra época y no encontramos nada con qué sustituirla ni a nadie con quien llenar los huecos de quienes nos van dejando a una cadencia asombrosa. Nuestros actores, nuestros cantantes, nuestros escritores, nuestros intelectuales, nuestros sueños que hicimos nuestros a base de películas, de libros, de espacios radiofónicos cargados de sustancia y reflexión, todos se nos van irremediablemente al sumidero de nuestras particulares historias. Como excepción descubro que solo la cadena 13TV recurre a diario por lo menos a viejos títulos cinematográficos, a aquel Hollywood, a aquellas historias de aventuras en África, de vaqueros, de guerra fría, quizás más por un motivo de bajo presupuesto que por ofrecer a la audiencia determinados valores, ya que dichas producciones están cargadas de violencia, de racismo, de ley del más fuerte, cuestiones nada acordes con la cadena que ahora los recupera. Pero, sea cual sea el motivo, llegamos exhaustos a esa isla en la que, aunque sólo sea a ciertas horas, todavía podemos encontrarnos los olvidados.

La isla de los olvidados ( Diario Córdoba - 03/01/2017 )

Volver a las entrañas

Ahora que dice el whatsapp --ese lugar donde un negro sale cada dos mensajes-- que ya podemos volver a ser lo que fuimos, como los andaluces, pero no hombres de luz que a los hombres almas de hombres les dimos, sino que dice que ya pasado el simulacro del amor y los buenos deseos, es hora de volver a la casita de nuestras lóbregos entrañas, a la leche que mamamos, a tal como éramos como en la peli de Robert Redford y Bárbara Streisand; o, más bien, a tal como somos, o sea, a todo lo contrario de lo que propugna el argumento de la novela de Nicholas Sparks. Volver a la contemplación de los días que se alargan de manera inversamente proporcional a la capacidad flexiva del sueldo, volver con la frente marchita y las nieves del tiempo plateando los cementerios donde últimamente estamos enterrando a tantos, el último, Nacho Montoto, ¡ay! Volver a los buenos propósitos, al propósito de la enmienda al que me apunté desde el domingo empezando por zamparme kilómetros de bici bici y de estática, más el partidillo con mi personal training de siete años, duro entre los duros sin contemplaciones --me parece que ya me ha hecho quemar el último mantecado--, para estar en forma cuando llegue el fichaje que nos viene cada año del Sáhara, por el verano que trae balones nocturnos mientras el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos, como en la canción de Pablo Milanés, viendo desde las terrazas pasar maquinitas pegadas a niños de vacaciones. Para abrir el año retomo la apasionante lectura de los Evangelios, de la Biblia, pasando las páginas en papel ídem como el rayo, pues no hay historia mejor ni más larga jamás contada que esa, como nos enseñaron David Lean y los otros dos; magnífica, puro género negro donde los malos siempre ganan hasta el final, cuando el bueno hace que todo se derrumbe entre trompetas y fuego como en las novelas de Michael Crichton Y, encima, ahora que los Magos parece que fueron un invento de Mateo, y que no eran reyes y tampoco tres, cobra más sentido el mensaje del whatsapp de que desde hoy nos está permitido volver a la jungla a enseñar los dientes. Sin miedo a que nos echen carbón el año que viene.

Volver a las entrañas ( Diario Córdoba - 10/01/2017 )

La libertad y el invierno

Lo malo es cuando los elementos no se enteran de que vivimos en un estado del bienestar. Enviamos las naves a luchar contra las adversidades, pero cuando éstas se salen del sota, caballo y rey, todo el tinglado híper protector y buenista se licúa como promesas electorales tras la batalla. Detrás de esto lo que subyace es cierto infantilismo, un infantilismo del que nos ha hecho víctimas un sistema que cada vez deja menos resquicios a una libertad individual que implicaría responsabilidad como ciudadanos y cierto cultivo de la propia iniciativa ante lo imprevisto, y que nos convierte en niños grandes y protestones cuando las cosas no salen como queremos y terminamos berreando ante papá estado para que nos lo resuelva todo. Me topé hace poco con un meme, seguramente escrito por un médico, que decía (más o menos) que desde la última vez que usted sufrió un catarro o una gripe la comunidad científica no ha descubierto ningún remedio milagroso, así que cuídese como le enseñaron y, a no ser que tema complicaciones por edad o estado de salud previo, absténgase de ir a urgencias atorando el sistema y volviendo locos a un personal que merecería más confianza y medios. Pero no, aquí tenemos derecho a todo, sobre todo a protestar si no me atienden en un hospital por el catarro de todos los años por las mismas fechas y que podría prever, si no evitar, siguiendo los consejos que ya me sé de sobra. Lo mismo pasa cuando hace frío (mucho frío) en enero (qué cosa más rara, cuando hasta un villancico lo dice: “porque llegan los fríos de enero, etc.”) y nieva más que el copón. ¿Seguimos las recomendaciones, tomamos las medidas opotunas? Es cierto que el estado debe intervenir ante la desgracia, que para eso pagamos, pero la desmesura en la catástrofe no es responsabilidad de la res pública, que actúa con lo que tiene, que es mucho y bien por cierto. No cabe esperar siempre al Séptimo de Caballería y salir en la tele berreando. Ante la adversidad, todos debemos poner sentido común y responsabilidad, porque la sociedad somos todos, no sólo el estado, al que sí hay que exigirle la correcta administración de los medios, por supuesto.

La libertad y el invierno ( Diario Córdoba - 24/01/2017 )

El arcángel ciego

Las infraestructuras de Córdoba se retrasan, se aplazan, se anulan después de ser represupuestadas y vueltas a presupuestar en varias legislaturas, se malgastan fondos en estudios de proyectos que no cuajan, ZP nos escamoteó la capitalidad cultural por ver si los vascos cambiaban caramelos por paz, la Corte nos roba a Nieto --después de que un bi-tripartito le haga la cobra-- y lo instala con Zoido a limpiar cloacas, dos buenas personas para un trabajo necesario, el avión sigue ahí pegado al suelo sin despegar y maquillado con frases de spray, Trump no sabe ponerse la corbata ni en la Casa Blanca hay un solo estilista que se atreva a decírselo, el Córdoba CF sigue fiel a su deriva, a su destino tan español de fracaso en lo universal. O sea, estas señales de que el mundo se derrumba a nuestro alrededor son evidentes, pero el país se preocupa más por algo que ha sucedido y que sabíamos de sobra que iba a suceder de todos modos (y que lleva siglos sucediendo): que hay gente impune e inmune, que hay gente que parece que va a la cárcel pero es un espejismo que nos ponen en el desierto de la desigualdad ciudadana, y que otros van a entrar pero poquito. Y que la pasta, santa Rita Rita, a disfrutarla a la salida, como en el Monopoly. El país, el mundo, deberían aprender de los cordobeses, de este estoicismo, de este mal llamado senequismo que nos hace ver pasar los trenes del futuro bajo la joroba de Asland, los del pasado bajo los proyectos de Cuenca y los del presente ahogándose entre Los Patos y las peatonalizaciones de cardos y decumanos junto al templo. Y todo sucede no ya sin que nos atrevamos a tirarnos de la susodicha joroba a falta de aquel otro viaducto que tampoco servía mucho para eso, sino que encima la primavera sigue acercándose con la certeza vegetal de los naranjos emborrachando el aire de vida. Si en París sigue corriendo el agua bajo los puentes pase lo que pase, aquí el Arcángel parece que tiene los ojos cerrados, no para no ver el río sino para no sentir el vértigo de la altura a la que lo sometió un artista sádico, mientras se decide, o no, a tirarle el bastón a la cabeza a alguien, a ver si piensa algo.

El arcángel ciego ( Diario Córdoba - 21/02/2017 )

Chupar cámara

Si hay algo de los populismos que parece agradar al respetable es su descarado abandono de lo políticamente correcto. A lo mejor es por ahí por donde van los tiros. Uno escucha decir a muchos abueletes del PSOE, tan adorables como Leguina o Corcuera, que no puede echarse toda la culpa a la gente de estas desmadradas intenciones de voto que principalmente en Europa apuntan maneras de chulería y desplante torero, que a ver si van a ser porque el común está ya harto de tropos y fábulas políticamente correctas de pensamiento único almibarado que son irreales. O sea, que a lo mejor es que buena parte del electorado prefiere, al parecerá quien engañosamente llama al pan pan y al vino vino, engañosa e interesadamente, claro, alabando con ello atávicos bajos instintos de tribu y miedo. Los gestos, ay, los gestos políticamente incorrectos, tan guays entre los escaños, de besos homo en la boca, del niño agarrado a la teta, de las camisetas bordes ante el invitado argentino, en fin todas estas cosas que Tony Cantó calificaba muy bien el otro día, con efecto boomerang, como puestas en escena para chupar cámara. También ocupan la ionosfera -esa capa de la atmósfera donde mejor se propagan las señales de radio y de telecomunicaciones en general- en días como estos, muchos más gestos de esos tan deliciosamente incorrectos que agradan tantísimo a buena parte de las tricoteuses populares: el enfado de Trump con los periodistas (esa canalla a la que hay que pararle los pies, ¿qué se habrán creído?), su agresividad -idéntica a la del carilavado holandés, la del austríaco y la de la francesa- respecto a los inmigrantes y refugiados en general; en fin, cosas de una incorrección política brutal -entre otras muchas- pero que, créanlo, hacen salivar a muchas capas de las denominadas populares. La última, el desplante de Marine Le Pen a la entrada de donde la esperaba el muftí del Líbano, porque le ofrecieron un velo y ella se negó a ponérselo como ya había avisado. Todas estas cosas son detalles que al tendido de sol les encantan, para qué lo vamos a negar. Aires incorrectos que ya están configurando lo que será pronto políticamente correcto.

Chupar cámara ( Diario Córdoba - 28/02/2017 )

Ladrones de sueños

No sé qué es hoy día un niño, ni una niña. Sí sé qué niños éramos, qué fuimos. No se trata de ponerse en plan abuelito Cebolleta contando las batallitas de la infancia, ni repetir que cualquier tiempo pasado fue mejor ni frases apócrifas de Sócrates sobre los jóvenes. Sí conviene arrancar este grito al viento de la impotencia frente al presente, coincidiendo con el glorioso centenario del TBO. Digo que no es cuestión de melancolías, sino de lucha y de rebeldía ante la deriva de la estupidez, la maldad y la mediocridad imperante, de las que los niños son las principales víctimas. No se trata de repetir mil veces lo bien que lo pasábamos en nuestra infancia de juegos en la calle, ni de las interminables siestas agarrados a tebeos y a todos aquellos utensilios sin pilas ni memoria digital que con solo sus páginas a color nos hicieron lectores compulsivos, quizás escritores. Por eso, insisto, no es hora de lamentos por lo perdido, sino de rebelión, de revolución, de petición de responsabilidades a toda esta caterva de desquiciados que han robado la infancia a los niños por el avieso procedimiento de arrebatarles la imaginación. Porque tengo la sospecha de que aquellos que elaboraron nuestro entretenimiento infantil eran gente feliz que tuvieron infancias felices y que por eso mismo generaban historias atractivas para entretener a niños y quizás hacerlos felices. Pero ahora, ya, hoy, es momento de rebelarse, de pedir explicaciones a la cosa pública y a la cosa privada de por qué no hay espacios físicos y virtuales infantiles dignos de ese nombre, en horarios infantiles, por decreto, pero sí los hay con responsables de dudosa salud mental. Y por qué se permite poner al alcance de los niños artilugios infernales que crean adicción y los adocenan y arrinconan en silencio aun en compañía, y les cercenan cualquier atisbo de curiosidad y creatividad. ¿Qué especie de tarados hay detrás de las industrias y los programas de cualquier cosa destinada a los niños? ¿De qué manera la escuela y las familias podrían luchar, enfrentarse a la guerra diaria de este acoso directo, a todas horas, sostenido con millones de euros?

Ladrones de sueños ( Diario Córdoba - 07/03/2017 )

domingo, 19 de febrero de 2017

Soliloquio

Tiene todas las húmedas tormentas del mundo encerradas en unos ojos grises como nubes.
Esa tarde en la terraza se siente sola y se sienta sola. Como siempre. Camareros de mandil blanco ejecutan su danza de veladores como las bailarinas de otra tarde lejana en el teatro, junto a él. Cuando el amor todavía espantaba tormentas y nubes grises como sus ojos.
Pasan los minutos y al fin una camarera se acerca. Pide lo de siempre, un café con un chorrito de coñac y mucho azúcar tostado de caña, si puede ser. Que nunca puede ser.
Como cada día insiste en lo del azúcar de caña, el personal ya hace como que no la oye. A lo mejor es que realmente no la oye.
Apura el café y enrolla el sobrecito blanco de blanca azúcar. Copitos de nieve dura, fina, cristalina y dulce se derraman sobre su falda. Y sigue esperando. Otra tarde de verano en la que él no se presenta ante su mirada de otoño.
Al fondo del jardín una puerta se abre. Al fondo del jardín y de su recuerdo. Es él al fin. Ella aparta su mirada, no quiere engañarse, quisiera desengañarse, pero él se acerca y se asoma grande e imponente al velador que ella ocupa, el mismo en el que desde hace tanto espera una cita que quedó en soliloquio. Él se disculpa como si sólo se hubiera retrasado unos minutos y pide un helado de vainilla, fuma un cigarrillo, hablan para sí mismos evitando encontrarse en el medio camino de sus miradas.
Ella hace rato que terminó su café, él toma la última cucharada de ese helado fugaz que a ella se le hace interminable. Él se levanta y le coge la mano, la besa. A ella le parece que una lágrima roza su piel. Él observa distraído la punta de la colilla del cigarrillo y luego lo tira al suelo tira levantando un breve chisporroteo de lágrimas incandescentes. Se despide y se va, y ella no le dedica ni una sola mirada porque sabe que es la última vez. De perfil lo ve desaparecer por la entreabierta puerta del jardín.
Después ella pide la cuenta, el camarero le extiende la nota, un solo café que pagar, como cada tarde, como siempre. Ella protesta por la confusión, debe también un helado, un helado de vainilla. Se ofende, casi grita. Para acallar el revuelo deciden cobrarle un helado que nadie pidió. Luego se levanta, ligera y digna como el vuelo de las hojas en otoño, y mira la puerta del jardín entreabierta. Avanza unos pasos. Pisa con sus delicados zapatos de verano una colilla aún caliente.