miércoles, 29 de marzo de 2017

Tant pis !

Había allí tipos y tipas peinando canas, elegantes, sonriendo como solo saben hacer en el espacio comprendido entre el río Oder y el Bidasoa por la parte norte de la isla de los Faisanes, o sea, para adentro. Me había invitado el entonces cónsul de Francia, Marcel Guinot (como en Casablanca, la consolidación de una gran amistad), era finales de enero de 2003 y en Sevilla lloviznaba. En el salón del Real Alcázar de Sevilla brindaban con espumoso Marcel Guinot, Alfredo S. Monteseirín, Zarrías, y el cónsul alemán. Nos regalaron un álbum de fotos históricas de lo que conmemorábamos, el 40 Aniversario del Tratado del Elíseo. Han pasado catorce años y Europa parece reventar las costuras que con dificultad se remendaron, tras las guerras mundiales, en tratados decisivos como el de Roma y el del Elíseo en los años cincuenta y sesenta. Ahora Europa, tras arrojar el lastre británico, se volverá a cimentar; Europa, como todo lo humano, tropieza dos veces en la misma piedra, en este caso Gran Bretaña, altiva siempre como para querer brindar con champán habiendo ginebra. El otro día veintisiete mandatarios europeos eran recibidos por el Papa en la Capilla Sixtina recordando el 60 aniversario del Tratado de Roma. Se desprende de la foto la magia de un aura inconsciente cayendo sobre ese grupo de irresponsables mediocres. No hay más que verlos para saber que ninguno es digno sucesor de Jean Monnet, de Konrad Adenauer, de Robert Schuman. El aura es el espíritu de la unidad irrevocable que cada año sellan los jóvenes europeos a través de intercambios, amistades, amores, algo que el atajo de altos funcionarios que pastan en Bruselas y Estrasburgo no saben ver en su real envergadura. No es la inmigración, ni la asimilación de otras etnias, ni las crisis económicas lo que pone en peligro a Europa; el peligro viene de la catadura de la mayoría de sus representantes, por cuanto los partidos suelen enviar allí a quienes les sobran por no haber alcanzado un puesto en otros parlamentos, sin más mérito ni conocimiento. Pero las sinergias desatadas por una Europa eterna son ya irreversibles; por eso, como dicen en Francia, tant pis! (no importa).

martes, 14 de marzo de 2017

La isla de los olvidados

Lo malo de que se nos mueran no es que con su muerte nos acerquen más a la nuestra, ni que nos dejen sin referentes, sino que nos introducen a la fuerza en ese territorio de sombras en el que ya no reconocemos a nadie. A muchos nos ha pasado en estas fiestas, según hemos comentado en las redes sociales. Hablábamos de que no conocíamos a nadie en estas teles cortadas por el mismo patrón. Entre tanta barba y bigote grunge, entre tanto músculo reventando las costuras de los trajes estrechos, entre tanto bellezón masculino y femenino de maquillajes y modas heterogéneas, no reconocíamos a nadie. También tiene culpa de ello el que a muchos ya no nos interesan estas teles sin contenido y de concursos absurdos, de cotilleos, de ruido, de mucho ruido, de muchísimo ruido y poquísimas nueces. No vemos tele, tampoco nos enganchan esas (llamémosles películas) que en la sobremesa nos muestran actores y actrices mimetizados en sus gestos y poses, historias espejo de sí mismas y de otras muchas siempre con el mismo argumento de enfermedades terminales, de hijos rebeldes o de amores otoñales. Se nos muere nuestra época y no encontramos nada con qué sustituirla ni a nadie con quien llenar los huecos de quienes nos van dejando a una cadencia asombrosa. Nuestros actores, nuestros cantantes, nuestros escritores, nuestros intelectuales, nuestros sueños que hicimos nuestros a base de películas, de libros, de espacios radiofónicos cargados de sustancia y reflexión, todos se nos van irremediablemente al sumidero de nuestras particulares historias. Como excepción descubro que solo la cadena 13TV recurre a diario por lo menos a viejos títulos cinematográficos, a aquel Hollywood, a aquellas historias de aventuras en África, de vaqueros, de guerra fría, quizás más por un motivo de bajo presupuesto que por ofrecer a la audiencia determinados valores, ya que dichas producciones están cargadas de violencia, de racismo, de ley del más fuerte, cuestiones nada acordes con la cadena que ahora los recupera. Pero, sea cual sea el motivo, llegamos exhaustos a esa isla en la que, aunque sólo sea a ciertas horas, todavía podemos encontrarnos los olvidados.

La isla de los olvidados ( Diario Córdoba - 03/01/2017 )

Volver a las entrañas

Ahora que dice el whatsapp --ese lugar donde un negro sale cada dos mensajes-- que ya podemos volver a ser lo que fuimos, como los andaluces, pero no hombres de luz que a los hombres almas de hombres les dimos, sino que dice que ya pasado el simulacro del amor y los buenos deseos, es hora de volver a la casita de nuestras lóbregos entrañas, a la leche que mamamos, a tal como éramos como en la peli de Robert Redford y Bárbara Streisand; o, más bien, a tal como somos, o sea, a todo lo contrario de lo que propugna el argumento de la novela de Nicholas Sparks. Volver a la contemplación de los días que se alargan de manera inversamente proporcional a la capacidad flexiva del sueldo, volver con la frente marchita y las nieves del tiempo plateando los cementerios donde últimamente estamos enterrando a tantos, el último, Nacho Montoto, ¡ay! Volver a los buenos propósitos, al propósito de la enmienda al que me apunté desde el domingo empezando por zamparme kilómetros de bici bici y de estática, más el partidillo con mi personal training de siete años, duro entre los duros sin contemplaciones --me parece que ya me ha hecho quemar el último mantecado--, para estar en forma cuando llegue el fichaje que nos viene cada año del Sáhara, por el verano que trae balones nocturnos mientras el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos, como en la canción de Pablo Milanés, viendo desde las terrazas pasar maquinitas pegadas a niños de vacaciones. Para abrir el año retomo la apasionante lectura de los Evangelios, de la Biblia, pasando las páginas en papel ídem como el rayo, pues no hay historia mejor ni más larga jamás contada que esa, como nos enseñaron David Lean y los otros dos; magnífica, puro género negro donde los malos siempre ganan hasta el final, cuando el bueno hace que todo se derrumbe entre trompetas y fuego como en las novelas de Michael Crichton Y, encima, ahora que los Magos parece que fueron un invento de Mateo, y que no eran reyes y tampoco tres, cobra más sentido el mensaje del whatsapp de que desde hoy nos está permitido volver a la jungla a enseñar los dientes. Sin miedo a que nos echen carbón el año que viene.

Volver a las entrañas ( Diario Córdoba - 10/01/2017 )

La libertad y el invierno

Lo malo es cuando los elementos no se enteran de que vivimos en un estado del bienestar. Enviamos las naves a luchar contra las adversidades, pero cuando éstas se salen del sota, caballo y rey, todo el tinglado híper protector y buenista se licúa como promesas electorales tras la batalla. Detrás de esto lo que subyace es cierto infantilismo, un infantilismo del que nos ha hecho víctimas un sistema que cada vez deja menos resquicios a una libertad individual que implicaría responsabilidad como ciudadanos y cierto cultivo de la propia iniciativa ante lo imprevisto, y que nos convierte en niños grandes y protestones cuando las cosas no salen como queremos y terminamos berreando ante papá estado para que nos lo resuelva todo. Me topé hace poco con un meme, seguramente escrito por un médico, que decía (más o menos) que desde la última vez que usted sufrió un catarro o una gripe la comunidad científica no ha descubierto ningún remedio milagroso, así que cuídese como le enseñaron y, a no ser que tema complicaciones por edad o estado de salud previo, absténgase de ir a urgencias atorando el sistema y volviendo locos a un personal que merecería más confianza y medios. Pero no, aquí tenemos derecho a todo, sobre todo a protestar si no me atienden en un hospital por el catarro de todos los años por las mismas fechas y que podría prever, si no evitar, siguiendo los consejos que ya me sé de sobra. Lo mismo pasa cuando hace frío (mucho frío) en enero (qué cosa más rara, cuando hasta un villancico lo dice: “porque llegan los fríos de enero, etc.”) y nieva más que el copón. ¿Seguimos las recomendaciones, tomamos las medidas opotunas? Es cierto que el estado debe intervenir ante la desgracia, que para eso pagamos, pero la desmesura en la catástrofe no es responsabilidad de la res pública, que actúa con lo que tiene, que es mucho y bien por cierto. No cabe esperar siempre al Séptimo de Caballería y salir en la tele berreando. Ante la adversidad, todos debemos poner sentido común y responsabilidad, porque la sociedad somos todos, no sólo el estado, al que sí hay que exigirle la correcta administración de los medios, por supuesto.

La libertad y el invierno ( Diario Córdoba - 24/01/2017 )

El arcángel ciego

Las infraestructuras de Córdoba se retrasan, se aplazan, se anulan después de ser represupuestadas y vueltas a presupuestar en varias legislaturas, se malgastan fondos en estudios de proyectos que no cuajan, ZP nos escamoteó la capitalidad cultural por ver si los vascos cambiaban caramelos por paz, la Corte nos roba a Nieto --después de que un bi-tripartito le haga la cobra-- y lo instala con Zoido a limpiar cloacas, dos buenas personas para un trabajo necesario, el avión sigue ahí pegado al suelo sin despegar y maquillado con frases de spray, Trump no sabe ponerse la corbata ni en la Casa Blanca hay un solo estilista que se atreva a decírselo, el Córdoba CF sigue fiel a su deriva, a su destino tan español de fracaso en lo universal. O sea, estas señales de que el mundo se derrumba a nuestro alrededor son evidentes, pero el país se preocupa más por algo que ha sucedido y que sabíamos de sobra que iba a suceder de todos modos (y que lleva siglos sucediendo): que hay gente impune e inmune, que hay gente que parece que va a la cárcel pero es un espejismo que nos ponen en el desierto de la desigualdad ciudadana, y que otros van a entrar pero poquito. Y que la pasta, santa Rita Rita, a disfrutarla a la salida, como en el Monopoly. El país, el mundo, deberían aprender de los cordobeses, de este estoicismo, de este mal llamado senequismo que nos hace ver pasar los trenes del futuro bajo la joroba de Asland, los del pasado bajo los proyectos de Cuenca y los del presente ahogándose entre Los Patos y las peatonalizaciones de cardos y decumanos junto al templo. Y todo sucede no ya sin que nos atrevamos a tirarnos de la susodicha joroba a falta de aquel otro viaducto que tampoco servía mucho para eso, sino que encima la primavera sigue acercándose con la certeza vegetal de los naranjos emborrachando el aire de vida. Si en París sigue corriendo el agua bajo los puentes pase lo que pase, aquí el Arcángel parece que tiene los ojos cerrados, no para no ver el río sino para no sentir el vértigo de la altura a la que lo sometió un artista sádico, mientras se decide, o no, a tirarle el bastón a la cabeza a alguien, a ver si piensa algo.

El arcángel ciego ( Diario Córdoba - 21/02/2017 )

Chupar cámara

Si hay algo de los populismos que parece agradar al respetable es su descarado abandono de lo políticamente correcto. A lo mejor es por ahí por donde van los tiros. Uno escucha decir a muchos abueletes del PSOE, tan adorables como Leguina o Corcuera, que no puede echarse toda la culpa a la gente de estas desmadradas intenciones de voto que principalmente en Europa apuntan maneras de chulería y desplante torero, que a ver si van a ser porque el común está ya harto de tropos y fábulas políticamente correctas de pensamiento único almibarado que son irreales. O sea, que a lo mejor es que buena parte del electorado prefiere, al parecerá quien engañosamente llama al pan pan y al vino vino, engañosa e interesadamente, claro, alabando con ello atávicos bajos instintos de tribu y miedo. Los gestos, ay, los gestos políticamente incorrectos, tan guays entre los escaños, de besos homo en la boca, del niño agarrado a la teta, de las camisetas bordes ante el invitado argentino, en fin todas estas cosas que Tony Cantó calificaba muy bien el otro día, con efecto boomerang, como puestas en escena para chupar cámara. También ocupan la ionosfera -esa capa de la atmósfera donde mejor se propagan las señales de radio y de telecomunicaciones en general- en días como estos, muchos más gestos de esos tan deliciosamente incorrectos que agradan tantísimo a buena parte de las tricoteuses populares: el enfado de Trump con los periodistas (esa canalla a la que hay que pararle los pies, ¿qué se habrán creído?), su agresividad -idéntica a la del carilavado holandés, la del austríaco y la de la francesa- respecto a los inmigrantes y refugiados en general; en fin, cosas de una incorrección política brutal -entre otras muchas- pero que, créanlo, hacen salivar a muchas capas de las denominadas populares. La última, el desplante de Marine Le Pen a la entrada de donde la esperaba el muftí del Líbano, porque le ofrecieron un velo y ella se negó a ponérselo como ya había avisado. Todas estas cosas son detalles que al tendido de sol les encantan, para qué lo vamos a negar. Aires incorrectos que ya están configurando lo que será pronto políticamente correcto.

Chupar cámara ( Diario Córdoba - 28/02/2017 )

Ladrones de sueños

No sé qué es hoy día un niño, ni una niña. Sí sé qué niños éramos, qué fuimos. No se trata de ponerse en plan abuelito Cebolleta contando las batallitas de la infancia, ni repetir que cualquier tiempo pasado fue mejor ni frases apócrifas de Sócrates sobre los jóvenes. Sí conviene arrancar este grito al viento de la impotencia frente al presente, coincidiendo con el glorioso centenario del TBO. Digo que no es cuestión de melancolías, sino de lucha y de rebeldía ante la deriva de la estupidez, la maldad y la mediocridad imperante, de las que los niños son las principales víctimas. No se trata de repetir mil veces lo bien que lo pasábamos en nuestra infancia de juegos en la calle, ni de las interminables siestas agarrados a tebeos y a todos aquellos utensilios sin pilas ni memoria digital que con solo sus páginas a color nos hicieron lectores compulsivos, quizás escritores. Por eso, insisto, no es hora de lamentos por lo perdido, sino de rebelión, de revolución, de petición de responsabilidades a toda esta caterva de desquiciados que han robado la infancia a los niños por el avieso procedimiento de arrebatarles la imaginación. Porque tengo la sospecha de que aquellos que elaboraron nuestro entretenimiento infantil eran gente feliz que tuvieron infancias felices y que por eso mismo generaban historias atractivas para entretener a niños y quizás hacerlos felices. Pero ahora, ya, hoy, es momento de rebelarse, de pedir explicaciones a la cosa pública y a la cosa privada de por qué no hay espacios físicos y virtuales infantiles dignos de ese nombre, en horarios infantiles, por decreto, pero sí los hay con responsables de dudosa salud mental. Y por qué se permite poner al alcance de los niños artilugios infernales que crean adicción y los adocenan y arrinconan en silencio aun en compañía, y les cercenan cualquier atisbo de curiosidad y creatividad. ¿Qué especie de tarados hay detrás de las industrias y los programas de cualquier cosa destinada a los niños? ¿De qué manera la escuela y las familias podrían luchar, enfrentarse a la guerra diaria de este acoso directo, a todas horas, sostenido con millones de euros?

Ladrones de sueños ( Diario Córdoba - 07/03/2017 )