miércoles, 5 de abril de 2017

A mí la Legión

No nos llega la camisa al cuerpo pensando que íbamos a tener que ir a la guerra por Gibraltar. El ministro de defensa británico, Fallon (juro que se llama así, como aumentativo de lo que se le supone debe tener una fuerza de choque. A mí la Legión) lo ha dicho clarito; también, más o menos, el ministro de Exteriores, Boris Johnson; y, sobre todo, el ex líder conservador Lord Michael Howard. «Ardor guerrero vibre en nuestras voces...», dice el himno del cuerpo de Infantería español; he buscado en Google la letra del himno de infantería inglés pero no viene, a lo mejor es que no tienen, como tampoco tiene Inglaterra Constitución escrita, gramática ni Real Academia de la Lengua, y por eso nos copian el himno: «ardor guerrero vibre en nuestras voces...». Están gagás. Más le valdría a Inglaterra y a sus barandas pasados y presentes dejar un rato la ginebra y portarse como Dios manda, como, se supone, aliados (si alguna vez lo fueron), como europeos (hasta ayer), como gente civilizada (de lo que presumen), como socios. Son racistas, eso lo llevan en la masa de la sangre, y Howard ha quedado en evidencia al sacar a la luz la guerra de las Malvinas contra «otro país de habla hispana», equiparando una dictadura con una democracia, un acto de ocupación con una realidad anacrónica, una respuesta imperial con una bravuconada de abuelo Cebolleta ávido de batallitas. No nos llega la camisa al cuerpo, don Howard, como a sus ancestros cuando veían aparecer la escuadra de Blas de Lezo por Cartagena de Indias y sitios así hace trescientos años. Gibraltar, o Yibrolta en su transcripción del británico, tendrá que caer, con Task Force o sin Task Force, cuando en España haya políticos y un gobierno con categoría, y no será por la fuerza de las armas, sino de la ley. Cuando esos futuros (si existen) líderes políticos españoles, a través de la hasta ahora somnolienta Europa, le apliquen a la Corona Británica lo único que la decencia puede esgrimir de manera victoriosa contra los mafiosos: la ley, concretamente la ley fiscal. Como a Al Capone, a Noriega o a Maduro. No hay malhechor que resista a un agente tributario husmeando en las cuentas.

http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/legion_1136947.html