martes, 13 de junio de 2017

Elogio del mes noble

Junio, el mes más noble del año, nombre de la esposa de Júpiter, Juno, protectora de maternidades, de compromisos, del Estado; la reina de todas las diosas. Junio resume el arcano de los niños aprendiendo la maravilla y el espanto de pasar, en pocos días, del misterio de la curiosidad y el conocimiento --acribillado por las necesarias pruebas que los mayores nos iban poniendo en el camino de la formación-- al dulce hacer nada de los despertares retrasados, de los juegos en la calle, de las bicis inmemoriales, de los atardeceres lánguidos y lentos, acaso pecaminosos y estimulantes, y de los anocheceres antiguos de mecedoras en la puerta al juego de las cuatro esquinas bajo la luz amarillenta de una bombilla, cuando las bombillas eran incandescentes y blanco de tirachinas. Junio, reina de aquella tríada capitolina de los líos amorosos y las sicalípticas pasiones de los dioses, así como en nuestros aconteceres el calor apetecible del verano encendió pasiones y parecidos líos. Protectora de la maternidad, y qué mayor maternidad que la que alumbra el el esfuerzo que cultiva las mentes, los espíritus y los cuerpos, de tal manera que hasta a la universidad se la llama alma mater, pues madre y con dolor es quien pare hombres y mujeres diferenciados de las bestias por la capacidad desarrollada del intelecto. Protectora de los compromisos, que tantas veces se anudaron en junio y se rompieron en agosto ante la sonrisa impasible de la diosa. Inspiradora del Estado, precisamente en una época en la que el Estado busca imperiosamente --como los meandros de un río-- abocarse a los días soñolientos de las semanas inhábiles. Era junio ese mirar por la ventana de la clase y ver los campos amarillear bajo el sol inmisericorde, el sol que reseca la tierra pero vivifica el espíritu de los niños que ya apuntan maneras de andaluces sabios, escépticos y distantes de cuanto muestra la contradicción engañosa de las evidencias que no lo son tanto. Junio para --ya mayores-- transitar el espacio de las aulas vacías aspirando el aroma irrepetible de las maderas, los lápices y las gomas de borrar. Y escuchar en el silencio el bullicio de nuestra niñez.

http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/elogio-mes-noble_1152935.html

Los niños devorados

El opio, el de verdad, llega en mayo y en junio, cuando el espectáculo de los gladiadores termina y el pueblo desde las gradas conoce por fin el designio: pulgar hacia arriba, pulgar hacia abajo. En la arena los gladiadores levantan las cráteras, las copas de sus campeonatos, y el pueblo, emocionado, prorrumpimos en aplausos en el estadio o frente a la pantalla plana. Todo el preámbulo de meses no es sino la lucha necesaria por la selección natural en busca de ese santo Grial revestido en dorado que una vez nos espantó ver cómo Sergius Ramus dejó caer al suelo. Hemos disfrutado con el espectáculo de los blancos venciendo y convenciendo y levantando la última, la «doceava», como diría Javier Solana, contra tipos malencarados y bastante chulos como solo en la vieja bota del sur de Europa saben serlo. Pero, además, este año el espectáculo ha trascendido lo meramente deportivo y se ha transformado en desfile de personas y personajes aptos para el papel couché de la prensa del corazón y los bajos instintos. Así, nunca habíamos visto tantas novias, mujeres, hijos, parientes, cuñados, en el rectángulo verde acompañando a los triunfadores. Niños haciéndose la foto con la copa sobre la cabeza, niños dentro de la copa como un Saturno devorando a sus hijos; modelos de la mano de los semidioses jaleados por los acólitos, y, además --otra novedad-- los héroes tapándose la boca cuando hablaban. No me digan que no se aprende de estas cosas. Los hay que reniegan del espectáculo del fútbol como cosa soez, baja e inútil, pero uno, siempre aprende cosas viéndolo, este año, por ejemplo, lo horteras (u orteras) que son la mayoría de los héroes en la exhibición de sus chonis y churumbeles, y que han aprendido a hablar tapándose la boca para que los mil ojos del Gran Hermano no les cojan al descuido palabras inconvenientes. Toda una lección de modernidad, de fatuidad, de globalización, de espectáculo de playa. Quizás por eso el origen esté en la palabra provenzal «deport» (pasatiempo, ocio), y por eso el sabio Santiago Bernabéu siempre tuvo claro que esto era un espectáculo que debían jugar siempre los mejores. Aunque salgan caros.

http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/ninos-devorados_1151363.html